<<Le dijo que no la quería ver más, y ella le vendó los ojos.>>
miércoles, 19 de diciembre de 2012
domingo, 4 de noviembre de 2012
heima
El siguiente relato es de carácter ficticio y cualquier coincidencia con la realidad es pura casualidad...
Él estaba esperándola fuera de su sala de clases. Ya habían pasado 10 minutos desde la hora de término, pero al profesor aún no daba fin a su lección. Sus miradas se encontraron a través de la pequeña "ventana" que había junto a la puerta, y la impaciencia se hizo notar. Por fin 5 minutos después, el muchacho pudo apreciar con impaciente alegría que los alumnos comenzaban a dejar sus asientos.
- Hola bonita - Le dijo mientras la tomaba por la cintura y la acercaba hacia su cuerpo. Ella se sonrojó levemente y le devolvió el saludo con un cálido beso en los labios.
Camino a la salida ella hizo un par de comentarios sobre la clase y le preguntó al joven cómo había estado su día. Él tomó su mano de manera espontánea, y salieron de la universidad riéndose y conversando.
Luego de despedirse de los amigos de la chica, la pareja de jóvenes emprendieron el descenso hacia el centro de la ciudad, pasando en el camino por un almacén donde compraron un poco de pan y fruta.
Era un día primaveral, eran al rededor de las 7 de la tarde y la luz que bañaba las calles era exquisita, la temperatura perfecta, el sonido del mar acompañaba sus pasos y una brisa agradable hacía bailar las las largas cabelleras de las muchachas.
Había algo en ese día que lo hacía tan perfecto, y ellos sabían que no podía haber sido de la misma manera de no haber contado con la compañía del otro.
Una vez en el centro y como si se hubiesen puesto de acuerdo, ambos guardaron silencio y disfrutaron los últimos pasos de su recorrido así, caminando a paso lento, tomados de la mano.
Llegaron a casa y pusieron el té a hervir, el pan a tostar y picaron un poco de fruta. Se sentaron a comer rodeados del perfume del pan tostado mezclado con el aroma del té de hoja. Prendieron la radio y dejaron que la música inundara el pequeño pero acogedor espacio.
Al terminar de comer ambos retiraron la loza, ella lavó mientras él secaba y guardaba todo lo que habían ocupado.
A los pocos minutos estaban tendidos en la alfombra de la habitación, él boca arriba con los brazos bajo la cabeza y ella acurrucada en su pecho. Él posó uno de sus brazos sobre el cuerpo de la joven, rodeándola y acariciando su brazo.
Nunca antes se había sentido tan protegida, tan real, tan perceptiva ni tan feliz. Él era su hogar.
Nunca se había sentido tan protegido, tan feliz, tan pleno ni tan valorado. Ella era su hogar.
Él estaba esperándola fuera de su sala de clases. Ya habían pasado 10 minutos desde la hora de término, pero al profesor aún no daba fin a su lección. Sus miradas se encontraron a través de la pequeña "ventana" que había junto a la puerta, y la impaciencia se hizo notar. Por fin 5 minutos después, el muchacho pudo apreciar con impaciente alegría que los alumnos comenzaban a dejar sus asientos.
- Hola bonita - Le dijo mientras la tomaba por la cintura y la acercaba hacia su cuerpo. Ella se sonrojó levemente y le devolvió el saludo con un cálido beso en los labios.
Camino a la salida ella hizo un par de comentarios sobre la clase y le preguntó al joven cómo había estado su día. Él tomó su mano de manera espontánea, y salieron de la universidad riéndose y conversando.
Luego de despedirse de los amigos de la chica, la pareja de jóvenes emprendieron el descenso hacia el centro de la ciudad, pasando en el camino por un almacén donde compraron un poco de pan y fruta.
Era un día primaveral, eran al rededor de las 7 de la tarde y la luz que bañaba las calles era exquisita, la temperatura perfecta, el sonido del mar acompañaba sus pasos y una brisa agradable hacía bailar las las largas cabelleras de las muchachas.
Había algo en ese día que lo hacía tan perfecto, y ellos sabían que no podía haber sido de la misma manera de no haber contado con la compañía del otro.
Una vez en el centro y como si se hubiesen puesto de acuerdo, ambos guardaron silencio y disfrutaron los últimos pasos de su recorrido así, caminando a paso lento, tomados de la mano.
Llegaron a casa y pusieron el té a hervir, el pan a tostar y picaron un poco de fruta. Se sentaron a comer rodeados del perfume del pan tostado mezclado con el aroma del té de hoja. Prendieron la radio y dejaron que la música inundara el pequeño pero acogedor espacio.
Al terminar de comer ambos retiraron la loza, ella lavó mientras él secaba y guardaba todo lo que habían ocupado.
A los pocos minutos estaban tendidos en la alfombra de la habitación, él boca arriba con los brazos bajo la cabeza y ella acurrucada en su pecho. Él posó uno de sus brazos sobre el cuerpo de la joven, rodeándola y acariciando su brazo.
Nunca antes se había sentido tan protegida, tan real, tan perceptiva ni tan feliz. Él era su hogar.
Nunca se había sentido tan protegido, tan feliz, tan pleno ni tan valorado. Ella era su hogar.
sábado, 27 de octubre de 2012
Punto aparte.
Ando en busca de la verdad, entre las paredes de mi pieza. No sabes cuánto te he buscado estas semanas, no sabes cuánto te he buscado desde que te conocí. No, no tienes idea. Y sin embargo, de alguna forma, contra mi voluntad y todos los adverbios, conjunciones, adjetivos y conectores que se te ocurran; tengo que dejarte ir. Comenzar una nueva historia, interpretando otros papeles.
domingo, 14 de octubre de 2012
it doesn't make sense
Le gritó que no se fuera. Parada allí, en medio de la calle,
envuelta por el olor a humedad otoñal, con los pies pegados en el cemento
mojado como si una fuerza sobrenatural le impidiese moverse; allí; sin nadie
más alrededor que él dándole la espalda, se sintió pequeña otra vez. Por favor,
–susurró –quédate.
¿Tienes algo más que decirme?
Mucho –Pensó ella.
Mucho –Pensó ella.
Cada vez que veía que él se alejaba y ella tenía algo que
más que decir (no tenía claro qué pero
sabía que quería decirle algo más),
se desesperaba y comenzaba a lanzar palabras al azar, sin pensar un minuto
antes en qué sarta de estupideces estaba verbalizando.
lunes, 8 de octubre de 2012
Promesas
Hace tiempo que tenía ganas de escribirte, pero no encontraba las palabras, ni el tiempo, y muchas veces, hasta las ganas se me perdían; sabía que estaban por ahí escondidas entre la ropa, los cuadernos y la comida de la Sophie.
Recuerdo cuando conversaba mucho conmigo misma. Bueno, aún lo sigo haciendo, pero la verdad es que la mayoría de las veces es una conversación con prisa. Qué ridículo. Una conversación con uno mismo… ¡Con prisa! ¿A esto hemos llegado? Afrontémoslo, tampoco es como que sea la mujer más ocupada del planeta, pero… ¿Y entonces?
Surgen un sinfín de preguntas pero las más latentes últimamente son del estilo de ¿Estoy haciendo lo mejor que puedo?, ¿Qué es lo que quiero?, ¿Estoy llevando la vida que quiero? Dichas interrogantes vienen de la mano con un sentimiento de desmotivación que no sé muy bien de dónde proviene, o que más bien que proviene de diversas direcciones, de interminables análisis de las situaciones que no llegan a ninguna solución clara, de una apatía intermitente.
En algún punto del camino me perdí y perdí mi horizonte, y tuve que desandar parte del trecho recorrido para encontrarme de nuevo donde había empezado. Me estoy devolviendo por la misma senda por la que vine, y aún me falta un largo camino por andar, pero de a poco voy encontrándome con los elementos que dejé tirados en el camino.
Y tú, ¿estás feliz con lo que has hecho de ti? Espero que sí. La verdad es que no he sabido nada de ti en bastantes meses… Ojalá que la vida te esté tratando bien. Pero es cierto que la vida siempre viene con altos y bajos.
A veces me dan ganas de contarte cómo quisiera proyectarme pero no puedo. Hace bastante tiempo me prometí que no haría promesas del tipo “Para siempre” y “Nunca”. Pero es difícil. A veces me da mucho miedo. ¿Y si el día de mañana le digo que vamos a estar juntos para siempre? Trataré de que no se me escape. Pero, no prometo nada, porque quizás no pueda evitarlo. Alguna vez ya se me escapó y no lo cumplí.
Igual, tú me conoces bien; sabes cómo soy yo en ese sentido. Sé que tú mejor que nadie entenderías mi impaciencia, y a la vez serías incapaz de reconocer a la mujer en la que me he convertido. La cabra chica impaciente, que no podía pasar ni un día sin mandar mensajes de texto, o que extrañaba tanto como para no soportar ni un día sin verlo; si me vieras ahora, sobreviviendo estas semanas infinitas. Esa niña no sé dónde está, pero te reconozco que a veces me hace falta una pizca de su actitud. Es un poco lo que digo en algunas ocasiones, de que no es malo esperar cosas de la gente, porque si no esperáramos nada seríamos unos apáticos sin sueños ni aspiraciones. Por eso a veces la extraño. Tal vez es por eso que a ratos me desconozco.
A ratos me da por imaginar, por soñar. Me lo permito de vez en cuando, pero trato de no abusar. A veces imagino el futuro cercano, y a veces uno muy lejano. Me gusta, pero también puede ser súper doloroso, por eso lo controlo.
En resumen (y para despedirme porque me imagino que tendrás muchas cosas que hacer), creo varias cosas, y una de ellas es que es bueno proyectarse, pero con proyectos alcanzables a corto plazo; ir de a poco, no sé… se me imagina cosas pequeñas, como… paseos, conocer a la familia, cocinar algo juntos, las pequeñeces que hacen grande a una pareja. Nada de planes de “En 2 años más nos casamos y tenemos 3 hijos que estudiarán en X colegio y que se llamarán…” No. Nada de eso. Creo que podría plantearlo, ¿tú qué crees? Bueno, escríbeme porque siempre es rico leerte. Un abrazo grande y a ver si nos topamos algún día.
domingo, 23 de septiembre de 2012
Blue Valentine
Ayer vi a una amiga que no veía hace aproximadamente 2 años, es una de esas amigas con las que te has visto poquísimas veces (Nosotras no nos hemos visto más de 5 veces, y nos conocimos hace unos 5 años). Por cosas del destino, viajes, etc., nunca hemos podido concretar más reuniones, pero cada vez que nos hemos visto es como si nos hubiésemos visto la semana anterior. Podemos contarnos infinidad de cosas y la confianza está. Después de una rica once en su casa, con su hermana y su pololo, nos pusimos a ver una película.
No voy a entrar en muchos detalles sobre la película porque eso no es de lo que en realidad quiero hablar, sólo diré que la película se llama Blue Valentine y que está lejos de ser una película de amor hollywoodense de esas llenas de clichés. Más bien, es súper cotidiana, por decirlo de alguna forma, y muestra el amor como realmente es (O como dicen que es). Me dio mucho que pensar porque en muchas situaciones me vi identificada con la protagonista, que al comienzo de la relación está enamoradísima, su forma de amarlo es muy juvenil, infantil, alegre… Pero con el pasar de los años, la rutina va cambiando las cosas. Creo que el error que comete ella es el mismo que yo he cometido alguna vez. El dejar de ser lo que uno era al comienzo de la relación para convertirse en alguien que se viste de madurez pero que en realidad es aburrido. Al principio disfrutas de los juegos de cabro chico de tu pololo, y tú también juegas como cabra chica, pero después una se vuelve toda grave y como que adopta una postura “adulta” en la relación y vas criticando cada actitud que antes te fascinaba. Mi gran pregunta es ¿Por qué? ¿Por qué siempre tenemos que echarlo a perder de esa forma? ¿Qué hay dentro de nosotras que nos hace volvernos amargadas muchas veces? ¿Hay alguna forma de evitarlo? Creo que ahora que lo vi en el exterior me puede ser más fácil ir identificando las actitudes, y espero no volver a caer en lo mismo, porque realmente me dio ene pena ver cómo él era un tipo bueno y lo único que quería era mantener la “magia” del amor, y ella pensaba que la única forma de crecer era volverse una amargada y criticarlo por su forma más “light” de ver las cosas.
Un poco sobre la línea de reflexión de por qué nos comportamos de cierta forma a veces (y más cuando estamos con alguna pareja), me puse a pensar en lo que me he convertido últimamente. Siento que he perdido un poco mi visión de mi misma, y como que estoy en un proceso de “reconocimiento” de quién soy. Y probablemente eso es lo que me ha traído tantos “problemas” últimamente, porque si no estás bien contigo misma, es difícil estar bien con el resto. Pero, inevitablemente uno está constantemente relacionándose con otras personas, y ahí es cuando uno las caga. Sí, porque uno no está bien, está aturdido, perdido, a penas sabiendo quién es, y comienza a disparar ideas, palabras, juicios y emociones a diestra y siniestra, y tarde o temprano te pasa la cuenta. Eso sumando a un defecto como del que me hago “acreedora” de creer obstinadamente que uno tiene la razón, te hace ganarte varios malos ratos. Aunque eventualmente siempre llego a un momento de reflexión y soy capaz de darme cuenta que efectivamente yo NO tenía razón, el “daño” de la primera reacción y defensa ferviente de las ideas propias, es irreparable a veces. O sea, no siempre es así de grave, muchas veces son pequeñeces, discusiones tan básicas como si la letra del trabajo era Arial o Times New Roman. Pero también hay otras ocasiones en que realmente podemos herir a la otra persona, aunque nuestras intenciones estén muy lejos de eso. O, podemos provocar que la persona se harte de actitudes como esas y termine por alejarse.
Creo que al final lo único que se puede intentar es estar bien con uno mismo, ser consistente, tener la película clara porque si no terminas enredando al resto, en tus indecisiones, en tus cambios de actitud. Es difícil, nadie dice lo contrario, pero tal vez es la única “clave”.
jueves, 13 de septiembre de 2012
sábado, 28 de julio de 2012
untitled
Habían discutido otra vez, y había sido mucho más fuerte que las anteriores. Luego de el último portazo y de escuchar cómo ella lloraba amargamente mientras abría la llave de la ducha, tomó las llaves que estaban sobre la mesa y salió a toda prisa del departamento. Bajó las escaleras dejando una estela de furia tras de sí. Salió a la fría noche otoñal y hundió las manos en los bolsillos de su largo abrigo verde musgo. Caminó un par de cuadras sin saber hacia dónde se dirigía, sus pies se movían llevados por la ira, su mente daba vueltas y vueltas tratando de recordar cómo había comenzado este caos. Sabía que hace 2 meses que habían empezado a discutir, por pequeñas cosas, y ahora último todo se había convertido en una especie de confusa bola de nieve arrastrada por mucho tiempo que llevaba dentro de sí los más oscuros pensamientos, llenos de rencor y motivados muchas veces por los celos. Realmente la amaba y nunca había amado a nadie como la amaba a ella, con esa pasión, con ese desenfreno, pero sabía que eso no podía estar del todo bien. La pasión era necesaria, sí, pero eso ya había pasado de pasión a locura enfermiza.
Llegó a la avenida principal y el ruido de los autos, la velocidad y la agresividad propia de los transeúntes amainó la suya. Estaba rodeado de lo que hace un minuto ocurría sólo en su interior, y ahora había un cierto equilibrio de las energías.
Se sentó en una escalera de piedra que daba a la entrada de un viejo edificio. El ritmo imparable de la ciudad que lo rodeaba lo tranquilizaba un poco, pero aún pensaba en muchas cosas, tantas que no podía tomar una sola y separarla del resto; estaba todo revuelto y en realidad no le molestaba la falta de claridad.
De pronto apareció ante sus ojos un bus de color azul oscuro, el cual se detuvo justo frente a donde él se hallaba sentado. ¿De dónde había salido? No lo sabía. Un segundo atrás no había nada donde ahora se había estacionado el vehículo. El resto de los vehículos que pasaban por la avenida dejaron de utilizar la pista donde se encontraba el bus y esto fue lo que más le llamó la atención, porque parecía lo más natural y correcto, y nadie más parecía notar aquella inmensa presencia metálica.
La puerta se abrió y descendió por la escalera un joven de cara amigable, usando unos jeans y un polerón del mismo color que el autobus.
- Buenas noches, adelante por favor - Le dijo mientras le hacía señas para que subiera.
- ¿Yo? - Miró a su al rededor, pero no había nadie.
- Sí, por favor, súbase, escuchamos que necesitaba que lo pasaran a buscar y hemos venido lo más rápido posible.
-No, no. Debe haber alguna equivocación yo no necesito ir a ningún lado, no he llamado a ningún bus. Disculpe.
- No se disculpe, está todo bien y esto no es una equivocación. - Dijo el joven con una sonrisa en la cara - veamos, su nombre es... Gaspar, ¿Cierto?
- S-s-sí - Dijo con dificultad y un poco asustado.
- Bien Gaspar, ¿Se siente usted frustrado, enojado, molesto, iracundo?
- Sí, pero...
- No se preocupe, lo único que debe hacer es subirse al bus y dar un paseo, se sentirá mejor.
Cada vez se sentía más incómodo, pero no sabía cómo reaccionar. El joven del autobus poco a poco se había ido acercando a él y ahora se encontraba a su lado y lo tomaba del brazo guiándolo hacia la escalera del bus.
- Muchas gracias, pero yo... yo tengo que volver a mi casa.
-¿Volver a su casa? No, no. Nada de eso, usted no puede volver a su casa así, ¿Qué va a hacer? ¿Va a seguir discutiendo con Violeta?
-¿¡C-cómo sabe usted de Violeta!? - Intentó zafarse de la mano del joven pero le fue imposible
-Tranquilo, relájese - Sintió un poco de presión en el brazo y ya estaba subiéndose al bus, aunque no sabía cómo. Arriba se encontró con aproximadamente una docena de personas que lo vitoreaban y le daban la bienvenida, y que luego volvieron a lo suyo como si nada hubiese ocurrido.
Se sentó casi por inercia en el asiento más cercano y sintió que se ponían en marcha. Apareció nuevamente el joven de polerón azul y le dijo.
- Mi nombre es Alex, soy el asistente de viaje y este bus se encarga de recoger gente que necesita un paseo para despejar sus ideas. ¿Ve a todas esas personas? Ellos también estaban pasando por un mal momento cuando los recogimos y ahora se están sintiendo mucho mejor. No tiene de qué preocuparse.
- Pero yo me quiero ir, no quiero estar aquí. Discúlpeme, pero todo esto es muy extraño
-Entiendo su preocupación. Pero, relájese, mire por la ventana, duerma un rato, distienda su mente un momento y luego piense en lo que tenga que pensar. Va a ver cómo en un rato más se siente bien.
Las luces del bus se atenuaron y el joven lo dejó solo y se encaminó hacia la parte trasera del bus, donde desapareció tras una cortina.
No entendía nada. Estaba asustado, pero por otro lado se sentía bien ahí. Era como si el tiempo se hubiese detenido y los problemas congelado. Realmente aquí podía pensar con más calma. Quizá hasta podría tomar una siesta como le había recomendado Axel. Se puso a pensar y tratar de recordar hace cuánto que no se podía dar el tiempo de pensar en sus asuntos con calma, y por más que lo intentó no logró recordarlo. Pensó en sus padres, en lo viejos que estaban y cómo le costaba cada día más ayudarlos no sólo en lo económico, sino que también en todo lo que implicaba el diario vivir. Recordó a su hermana y se reprochó por no haber hablado con ella hace dos semanas, quizá debía haber llamado un par de veces, preguntar por los niños, por su cuñado. Pero no, no lo había echo. Aunque insistía en disculparse a sí mismo diciéndose que no había tenido tiempo, sabía que eso no era del todo cierto, y que aunque no lo hubiese tenido, debería haberlo encontrado. Después de todo, era su hermana. Cerró los ojos y cayó en un sueño profundo. Soñó con Violeta. No discutían, sólo se amaban. Flotaban en la inmensidad de la vida, sólo flotaban y eran felices. Le hubiera gustado permanecer en ese sueño eternamente, pero lo mismo que lo hacía anhelar que el sueño nunca llegara a su fin, fue lo que lo hizo despertar de golpe. Tenía que volver a ella. Abrió los ojos y se sorprendió al ver que estaba en la escalera de piedra.
¿Había sido un sueño? ¡Todo había sido un sueño! Se rió solo mientras se incorporaba y emprendía el regreso a casa. ¡Qué sueño más extraño! -Pensó- Y sin embargo, si no hubiese sido por eso ¡no habría reparado en todo lo que he estado haciendo mal!. Caminó lo más rápido que pudo por entre calles y callejones, haciendo sonar bajo sus pies los adoquines de la parte vieja de la ciudad. Los faroles brillaban con un resplandor naranja y el aroma a azahar se paseaba por las callejuelas.
De pronto se detuvo en una esquina. No podía ser. ¿Aún estaba soñando? Reanudó la marcha, pero a paso lento, tratando de dilucidar las facciones del rostro que se aproximaba.
- ¡Buenas noches Gaspar! ¡Saludos a Violeta!
Axel pasó por su lado dándole una leve palmada en el hombro, y luego se alejó, y dobló en una esquina cercana. Gaspar se quedó inmóvil, hasta que un reloj cucú sonó en una casa distante. Las doce de la noche. Era hora de regresar.
Llegó a la avenida principal y el ruido de los autos, la velocidad y la agresividad propia de los transeúntes amainó la suya. Estaba rodeado de lo que hace un minuto ocurría sólo en su interior, y ahora había un cierto equilibrio de las energías.
Se sentó en una escalera de piedra que daba a la entrada de un viejo edificio. El ritmo imparable de la ciudad que lo rodeaba lo tranquilizaba un poco, pero aún pensaba en muchas cosas, tantas que no podía tomar una sola y separarla del resto; estaba todo revuelto y en realidad no le molestaba la falta de claridad.
De pronto apareció ante sus ojos un bus de color azul oscuro, el cual se detuvo justo frente a donde él se hallaba sentado. ¿De dónde había salido? No lo sabía. Un segundo atrás no había nada donde ahora se había estacionado el vehículo. El resto de los vehículos que pasaban por la avenida dejaron de utilizar la pista donde se encontraba el bus y esto fue lo que más le llamó la atención, porque parecía lo más natural y correcto, y nadie más parecía notar aquella inmensa presencia metálica.
La puerta se abrió y descendió por la escalera un joven de cara amigable, usando unos jeans y un polerón del mismo color que el autobus.
- Buenas noches, adelante por favor - Le dijo mientras le hacía señas para que subiera.
- ¿Yo? - Miró a su al rededor, pero no había nadie.
- Sí, por favor, súbase, escuchamos que necesitaba que lo pasaran a buscar y hemos venido lo más rápido posible.
-No, no. Debe haber alguna equivocación yo no necesito ir a ningún lado, no he llamado a ningún bus. Disculpe.
- No se disculpe, está todo bien y esto no es una equivocación. - Dijo el joven con una sonrisa en la cara - veamos, su nombre es... Gaspar, ¿Cierto?
- S-s-sí - Dijo con dificultad y un poco asustado.
- Bien Gaspar, ¿Se siente usted frustrado, enojado, molesto, iracundo?
- Sí, pero...
- No se preocupe, lo único que debe hacer es subirse al bus y dar un paseo, se sentirá mejor.
Cada vez se sentía más incómodo, pero no sabía cómo reaccionar. El joven del autobus poco a poco se había ido acercando a él y ahora se encontraba a su lado y lo tomaba del brazo guiándolo hacia la escalera del bus.
- Muchas gracias, pero yo... yo tengo que volver a mi casa.
-¿Volver a su casa? No, no. Nada de eso, usted no puede volver a su casa así, ¿Qué va a hacer? ¿Va a seguir discutiendo con Violeta?
-¿¡C-cómo sabe usted de Violeta!? - Intentó zafarse de la mano del joven pero le fue imposible
-Tranquilo, relájese - Sintió un poco de presión en el brazo y ya estaba subiéndose al bus, aunque no sabía cómo. Arriba se encontró con aproximadamente una docena de personas que lo vitoreaban y le daban la bienvenida, y que luego volvieron a lo suyo como si nada hubiese ocurrido.
Se sentó casi por inercia en el asiento más cercano y sintió que se ponían en marcha. Apareció nuevamente el joven de polerón azul y le dijo.
- Mi nombre es Alex, soy el asistente de viaje y este bus se encarga de recoger gente que necesita un paseo para despejar sus ideas. ¿Ve a todas esas personas? Ellos también estaban pasando por un mal momento cuando los recogimos y ahora se están sintiendo mucho mejor. No tiene de qué preocuparse.
- Pero yo me quiero ir, no quiero estar aquí. Discúlpeme, pero todo esto es muy extraño
-Entiendo su preocupación. Pero, relájese, mire por la ventana, duerma un rato, distienda su mente un momento y luego piense en lo que tenga que pensar. Va a ver cómo en un rato más se siente bien.
Las luces del bus se atenuaron y el joven lo dejó solo y se encaminó hacia la parte trasera del bus, donde desapareció tras una cortina.
No entendía nada. Estaba asustado, pero por otro lado se sentía bien ahí. Era como si el tiempo se hubiese detenido y los problemas congelado. Realmente aquí podía pensar con más calma. Quizá hasta podría tomar una siesta como le había recomendado Axel. Se puso a pensar y tratar de recordar hace cuánto que no se podía dar el tiempo de pensar en sus asuntos con calma, y por más que lo intentó no logró recordarlo. Pensó en sus padres, en lo viejos que estaban y cómo le costaba cada día más ayudarlos no sólo en lo económico, sino que también en todo lo que implicaba el diario vivir. Recordó a su hermana y se reprochó por no haber hablado con ella hace dos semanas, quizá debía haber llamado un par de veces, preguntar por los niños, por su cuñado. Pero no, no lo había echo. Aunque insistía en disculparse a sí mismo diciéndose que no había tenido tiempo, sabía que eso no era del todo cierto, y que aunque no lo hubiese tenido, debería haberlo encontrado. Después de todo, era su hermana. Cerró los ojos y cayó en un sueño profundo. Soñó con Violeta. No discutían, sólo se amaban. Flotaban en la inmensidad de la vida, sólo flotaban y eran felices. Le hubiera gustado permanecer en ese sueño eternamente, pero lo mismo que lo hacía anhelar que el sueño nunca llegara a su fin, fue lo que lo hizo despertar de golpe. Tenía que volver a ella. Abrió los ojos y se sorprendió al ver que estaba en la escalera de piedra.
¿Había sido un sueño? ¡Todo había sido un sueño! Se rió solo mientras se incorporaba y emprendía el regreso a casa. ¡Qué sueño más extraño! -Pensó- Y sin embargo, si no hubiese sido por eso ¡no habría reparado en todo lo que he estado haciendo mal!. Caminó lo más rápido que pudo por entre calles y callejones, haciendo sonar bajo sus pies los adoquines de la parte vieja de la ciudad. Los faroles brillaban con un resplandor naranja y el aroma a azahar se paseaba por las callejuelas.
De pronto se detuvo en una esquina. No podía ser. ¿Aún estaba soñando? Reanudó la marcha, pero a paso lento, tratando de dilucidar las facciones del rostro que se aproximaba.
- ¡Buenas noches Gaspar! ¡Saludos a Violeta!
Axel pasó por su lado dándole una leve palmada en el hombro, y luego se alejó, y dobló en una esquina cercana. Gaspar se quedó inmóvil, hasta que un reloj cucú sonó en una casa distante. Las doce de la noche. Era hora de regresar.
ch ch changes
¿La gente cambia? ¿Qué tan difícil es adaptarse al cambio? "Estás cambiada". Hay como un gran revuelo en torno al tema de los cambios, y de repente como que me apesta un poco.
En lo personal, aunque al comienzo pueda parecer que me adapto super bien a los cambios, en realidad los cambios me aterran, lo nuevo me pone nerviosa y es un gran tema para mí. Por eso me da miedo cuando me dicen que estoy cambiada, que ya no soy la misma, porque yo también me doy cuenta que ya no soy la misma, y en realidad nadie es el mismo, todos cambiamos día a día, pero lo que me da miedo es que la gente al rededor también empieza a cambiar o peor aún, empieza a darse cuenta que estos cambios a lo mejor ya no le gustan tanto, y se quiebran las relaciones.
Y aquí entra otro tema muy mío: la culpabilidad. Gosh, de verdad que es un tema crudo para mí, y siempre me siento culpable por todo, hasta por la tontera más insignificante. Entonces me empiezo a sentir culpable por cambiar y que estos cambios a lo mejor no le sean del todo agradables a los que me rodean.
Pero no sé, en realidad necesito sentir que estoy haciendo las cosas bien, es lo único que necesito en estos momentos, como un reforzamiento positivo, para poder seguir con los cambios, con todo el pagüer posible.
En lo personal, aunque al comienzo pueda parecer que me adapto super bien a los cambios, en realidad los cambios me aterran, lo nuevo me pone nerviosa y es un gran tema para mí. Por eso me da miedo cuando me dicen que estoy cambiada, que ya no soy la misma, porque yo también me doy cuenta que ya no soy la misma, y en realidad nadie es el mismo, todos cambiamos día a día, pero lo que me da miedo es que la gente al rededor también empieza a cambiar o peor aún, empieza a darse cuenta que estos cambios a lo mejor ya no le gustan tanto, y se quiebran las relaciones.
Y aquí entra otro tema muy mío: la culpabilidad. Gosh, de verdad que es un tema crudo para mí, y siempre me siento culpable por todo, hasta por la tontera más insignificante. Entonces me empiezo a sentir culpable por cambiar y que estos cambios a lo mejor no le sean del todo agradables a los que me rodean.
Pero no sé, en realidad necesito sentir que estoy haciendo las cosas bien, es lo único que necesito en estos momentos, como un reforzamiento positivo, para poder seguir con los cambios, con todo el pagüer posible.
eso no se borra
Tengo serios problemas decidiéndome por "los favoritos", es decir, color favorito (Aunque debo reconocer que por fin me he decidido por uno: el morado), comida favorita, canción, banda, etc., pero puedo decir tranquilamente (y orgullosamente también) que mi película favorita es "Los amantes del círculo polar" Ya no recuerdo hace cuántos años la vi por primera vez, debe haber sido por ahí por el 2006 (Yeah, a long time ago) y la amé. Si hay algo que me agarra en las películas y las series son los buenos diálogos, me preocupo mucho de eso, hay pocas películas que tengan poco diálogo y que me gusten y haya encontrado que son una maravilla (Como por ejemplo, Blade Runner), y para llevar el título de mi película favorita, esta tiene que contar con buenos diálogos. Frases que ocupo de repente en la vida, como "Nunca había tenido el corazón tan rojo" o "Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande..." o "¿Cómo acabará este viaje?" me identifican tanto en diferentes momentos. Durante toda la película se puede escuchar frases como esas, acompañados de una fotografía que personalmente me encanta, y una música que le queda perfecta.
La trama se basa en las casualidades, para ser más exactos, de las casualidades que toman lugar en la vida de Ana y de Otto, unos niños que son compañeros de colegio, pero cuyas vidas se unen cuando la mamá de Ana (que enviuda a causa de un accidente de auto) y el papá de Otto, recientemente separado, comienzan una relación amorosa la cual los lleva a vivir juntos. Otto se enamora de Ana y deja a su mamá para irse a vivir con "su nueva familia" para poder ver a Anna todos los días. Acontecen un montón de cosas que no voy a relatar, pero entre casualidades y acontecimientos varios, se cambia de escenario (España) a Finlandia, específicamente a un lugar llamado Círculo Polar, donde en una determinada época del año, no se pone el sol (y es hermosísimo) y de ahí el nombre de la película. Una historia de amor linda como ella sola, con frases de ser repetidas una y otra vez, mágica, y para mí, inigualable <3
nota: por el momento no puedo subir fotos, porque blogger anda taimado, prontamente la agregaré :)
La trama se basa en las casualidades, para ser más exactos, de las casualidades que toman lugar en la vida de Ana y de Otto, unos niños que son compañeros de colegio, pero cuyas vidas se unen cuando la mamá de Ana (que enviuda a causa de un accidente de auto) y el papá de Otto, recientemente separado, comienzan una relación amorosa la cual los lleva a vivir juntos. Otto se enamora de Ana y deja a su mamá para irse a vivir con "su nueva familia" para poder ver a Anna todos los días. Acontecen un montón de cosas que no voy a relatar, pero entre casualidades y acontecimientos varios, se cambia de escenario (España) a Finlandia, específicamente a un lugar llamado Círculo Polar, donde en una determinada época del año, no se pone el sol (y es hermosísimo) y de ahí el nombre de la película. Una historia de amor linda como ella sola, con frases de ser repetidas una y otra vez, mágica, y para mí, inigualable <3
nota: por el momento no puedo subir fotos, porque blogger anda taimado, prontamente la agregaré :)
jueves, 26 de julio de 2012
un sueño y un presagio
Ahí estaban
de nuevo los dos. Ella se había ido a la cama y comenzó a llamarlo medio
despierta y medio dormida, algo le impedía despertar del todo y llamarlo a viva
voz. Siguió balbuceando su apodo entre sueños hasta que sacó fuerza y comenzó a
llamarlo más fuerte, hasta que él pudo oírla.
¾
¿Puedo acostarme contigo? –Dijo cuando por fin
pudo articular bien las palabras. Él guardó silencio por un momento.
¾
Sí, claro –Dijo al fin.
La muchacha
trató de levantarse pero no tenía muchas fuerzas, no lo comprendía, ¿Qué era
esta fuerza que le impedía hablarle claramente y hasta acercarse a él? Ella
quería levantarse e ir a acostarse con él, pero sus piernas parecían no
responder del todo. No pudo decírselo, pero fue como si él hubiese estado
leyendo su mente y se acercó a ella. Corrió las sábanas y las frazadas y la
levantó de la cama, y la cargó entre sus brazos llevándola hasta la suya.
Se sentía
segura a su lado, y le gustaba sentir su aroma, su piel, su respiración sobre
su cuerpo que ahora sentía tan frágil. Él la atrajo hacía su cuerpo y
comenzaron a besarse. Era una sensación indescriptible, y sentía que no se
había sentido así hace años.
Pero no se
sintió así por mucho tiempo más, pues no estaban solos. Había un gato sobre la
cama, y de alguna forma sabía que no era su gato, aunque de apariencia fueran
iguales, si no que la presencia de otra persona con los mismos ojos. Tal vez
hasta con la misma indiferencia de un felino. Una criatura que tenía plena
consciencia de lo que provocaba en ella y tomaba un poco de ventaja de esto.
Ella ya no lo quería allí, pero él seguía teniendo un cierto poder que hacía
que su cuerpo actuara de otra manera y abrazara al gato. Sabía que no le haría
más que daño y que continuaría sufriendo el riesgo de que la arañase mientras estuviese
allí, pero aún era muy débil como para dejarlo ir. También se hallaba en la
cama, junto al gato, su propia inseguridad, personificada en una tez pálida
como la suya, unos ojos castaño intenso, una larga cabellera ondulada color
castaño oscuro y unos labios rojos carnosos. La inseguridad era seductora, y la
muchacha tuvo miedo de que ésta engatusara al muchacho que yacía durmiendo
junto a ella, que lo alejara y que lo perdiera para siempre. La Inseguridad era
a la vez la personificación de todo lo que ella jamás quería ser, y sin
embargo, parecía querer en secreto tener la confianza en sí misma que al menos
aparentaba tener aquella figura. Muchas veces antes la había enfrentado y se
había dicho a sí misma que algo de tristeza debía esconderse tras esa fachada
exitosa, pero aún así había algo de su seguridad que ella hubiese deseado
tener. El poder de la inseguridad la debilitaba aún más, pero no supo qué
hacer, así que cerró los ojos y esperó que la luz del alba llegara pronto y la
hiciera despertar.
Cuando
despertó no había nadie a su lado, más que su gato, que esta vez sí era el
verdadero. No estaba el muchacho, ni la inseguridad, pero sabía que todo iba a
estar bien. Un poco de luz se filtraba por las cortinas, y hacía mucho frío. Ese
día se sintió mucho mejor que el anterior.
martes, 24 de julio de 2012
faith*fate
un día ya no habrá más culpa, ese día voy a brillar con todo mi esplendor :)
tranquilidad. paciencia. tiempo. todo a su tiempo.
lunes, 16 de julio de 2012
pioggia
Desde que se había levantado de la cama, dándole un beso en la mejilla antes de salir de la habitación que ella no pudo dormir tranquila. Se despertaba a intervalos cortos de tiempo. Se daba vueltas. Tenía sueños inquietantes. No paraba de pensar. No había parado de pensar.
domingo, 15 de julio de 2012
"¡Me enamoré!" (?)
He llegado a la creencia de que existen principalmente dos
formas de enamorarse.
El primer tipo al cual me voy a referir creo que es el más
común, o al menos es del que más podríamos tener consciencia. Se trata de un enamoramiento
al que uno “le da un empujoncito”. Se comienza con la atracción normalmente
física, es la típica historia de “qué lindo él (o ella)… me gusta…”, etc., que
si todo sale bien para nosotros sigue con los encuentros, los besos y demases y
luego con una relación. El enamoramiento se da después de la atracción física,
incluso puede llegar a darse una vez establecida una relación “seria”. Es de
cierta forma un poco más consciente porque al tener la atracción física y
comenzar a salir, empezar una relación, y todo lo que ello implica, viene el
enamoramiento, pero en un principio sólo fue atracción física.
Luego tenemos el enamoramiento inconsciente. Ese
enamoramiento que en una primera instancia no se da por el físico, sino por la
personalidad de la persona, por los gustos en común, por el tiempo compartido,
por el interés genuino, y sin ninguna doble intención, por lo que el otro está
diciendo, por poner completa atención en lo que la otra persona te cuenta, sus
experiencias de vida, sus sueños, sus metas, etc. Este enamoramiento no se busca como a veces
puede ocurrir en el otro caso, y a veces uno tarda un poco en darse cuenta de
lo que siente, pero a mi modo de verlo, se podría decir que es más auténtico,
porque uno no espera llegar a enamorarse de la persona, uno no piensa “tengo
una relación así que tarde o temprano me enamoraré”, más bien uno se sorprende
un día pensando en esa otra persona de una forma en la que jamás había pensado.
Creo que el primer tipo es más común y también que es el que
conduce a más decepciones. Pero creo también que como el primer tipo se da
comúnmente ya iniciada una relación es menos probable que el enamoramiento no
sea correspondido, mientras que al enamorarnos de alguien con quien no tenemos
una relación amorosa, las probabilidades que la otra persona no se sienta de la
misma manera con nosotros, pueden ser más altas.
Pero, es imposible que alguien nos asegure un "éxito rotundo" en lo que a relaciones respecta,
la vida tiene demasiadas vueltas y cuando menos te lo esperes te puede
sorprender. Mientras tanto, seguiré inventando teorías locas como esta mientras
vaya en la micro, riéndome de mis locuras y contándoselas a unos cuantos y
publicándolas aquí J
Nota: Siento que esta entrada tiene una redacción de mierda,
pero no sé cómo arreglarla y me siento dispersa, y de todas formas, la quiero
publicar xD
miércoles, 4 de julio de 2012
g.-
Sobre mis párpados vela
el gallo de la madrugada,
sobre el péndulo que la vigilia mueve.
Tus rotundas palabras, tu cortante gesto
son el gélido viento que silba
por las rendijas de mi pensamiento.
Y es tan grande la tristeza que hoy siento...
Aléjate espejismo del amor eterno,
sólo eres literaria veleidad.
Ni al peregrino das posada
ni al sediento agua
ni al que ansía saber muestras la verdad.
Detesto el tiempo, la ansiedad lamento.
Descansar sólo quiero, junto al calor del fuego,
Me amarro al momento, y lo único que poseo,
con los hombres azules irme al azul desierto.
Es lo que hoy deseo, y a ti te deseo
que de cascabeles, pífanos y timbales
se alegre tu camino.
Nunca te sea adverso el destino.
Que encuentres en tu vida
amigos diáfanos y entretenidos.
Sobre mis párpados velas,
frágil ave de la madrugada.
Eres péndulo que en la vigilia hiere.
Tus cortantes palabras, tu rotundo gesto
son el gélido viento que silba
por las rendijas de mi pensamiento.
Y es tan honda la nostalgia que hoy siento...
Aléjate espejismo del amor eterno,
sólo eres literaria veleidad.
Ni al peregrino das posada
ni al sediento agua
ni al que ansía saber muestras la verdad.
Somete el tiempo apagará el lamento
bajo un límpido cielo al calor del fuego.
Me acojo el momento y lo único que deseo
es con los hombres azules
irme al azul desierto.
Es lo que hoy deseo.
Y a ti te deseo que encuentres tu camino.
Es lo que hoy te deseo y lo que hoy te escribo.
Nuevos hábitos
Así como se pueden escribir propósitos a cumplir al comienzo de un nuevo año, he decidido emprender dos (por ahora) nuevos hábitos.
El primero es algo que leí en este este sitio y me gustó la idea así que la quise adoptar. Se trata de el libro número 1: El libro/cuaderno de agradecimiento. Me pareció demasiado lindo, muy buena idea la de escribir cualquier cosa por la que estemos agradecidos, desde las más pequeñas hasta las más grandes, porque siempre hay algo por lo que estar agradecido. Es algo bastante optimista, una actitud que hace un tiempo comencé a tratar de practicar, sobretodo desde que me enseñaron los principios del reiki, pero no había pensado lo importante que era dejar un registro de este agradecimiento, así que a partir de ahora voy a ver qué tal me va con eso.
El segundo hábito es escribir a lo largo de cada mes de ahora en adelante las cosas que considere como un aprendizaje importante. Este aprendizaje puede ser obtenido de lo académico, del diario vivir, de los demás; lo que sea que considere que marca un hito importante dentro de mi vida y que me ayude a construir quien quiero ser de ahora en adelante.
Tengo un par de proyectos más en la mente pero no los voy a materializar por ahora porque siento que aún no es tiempo de sacarlos del horno, un paso a la vez.
Por otro lado, con la nueva fórmula floral que comienzo mañana, comenzaré a poner énfasis en ese proceso nuevo: amor puro y perdón. Una vez que ya he sacado la mayor parte de mis rabias y resentimientos, es hora de dar paso al perdón y al amor que curará, si bien no todo ni por completo, todo lo que sea posible.
El primer aprendizaje que ocupará mi lista del mes de Julio (aunque esa lista no la vaya a publicar aquí, quiero compartir el primer punto) será el siguiente: "Está bien enojarse, sentir rabia, rencor, odio; siempre y cuando después se le abra paso al amor y al perdón"
Buenas noches =)
El primero es algo que leí en este este sitio y me gustó la idea así que la quise adoptar. Se trata de el libro número 1: El libro/cuaderno de agradecimiento. Me pareció demasiado lindo, muy buena idea la de escribir cualquier cosa por la que estemos agradecidos, desde las más pequeñas hasta las más grandes, porque siempre hay algo por lo que estar agradecido. Es algo bastante optimista, una actitud que hace un tiempo comencé a tratar de practicar, sobretodo desde que me enseñaron los principios del reiki, pero no había pensado lo importante que era dejar un registro de este agradecimiento, así que a partir de ahora voy a ver qué tal me va con eso.
El segundo hábito es escribir a lo largo de cada mes de ahora en adelante las cosas que considere como un aprendizaje importante. Este aprendizaje puede ser obtenido de lo académico, del diario vivir, de los demás; lo que sea que considere que marca un hito importante dentro de mi vida y que me ayude a construir quien quiero ser de ahora en adelante.
Tengo un par de proyectos más en la mente pero no los voy a materializar por ahora porque siento que aún no es tiempo de sacarlos del horno, un paso a la vez.
Por otro lado, con la nueva fórmula floral que comienzo mañana, comenzaré a poner énfasis en ese proceso nuevo: amor puro y perdón. Una vez que ya he sacado la mayor parte de mis rabias y resentimientos, es hora de dar paso al perdón y al amor que curará, si bien no todo ni por completo, todo lo que sea posible.
El primer aprendizaje que ocupará mi lista del mes de Julio (aunque esa lista no la vaya a publicar aquí, quiero compartir el primer punto) será el siguiente: "Está bien enojarse, sentir rabia, rencor, odio; siempre y cuando después se le abra paso al amor y al perdón"
Buenas noches =)
think about it
Ya no se trata de lo que las máquinas hacen por nosotros, sino de lo que nosotros hacemos por ellas.
lunes, 2 de julio de 2012
Una breve historia
Las cenizas
revoloteaban alrededor de su cuerpo, bailando, como si se regocijaran con aquel
momento, mientras él observaba el panorama fumando un cigarro.
Era un
espectáculo un tanto hermoso y un tanto horroroso, pero no se podía negar que
él tuviera una visión privilegiada y que en cierta forma fuese casi una
demostración artística.
Su mente
empezó a viajar hacia el pasado, al comienzo, cuando todas las cosas que ahora ardían frente a sus ojos
aún conservaban una temperatura que se hallaba lejos del punto de ignición y la gente aún podía “disfrutar”
de ellas.
Las cosas se
habían vuelto contra la gente, no de una manera literal, pero sí habían tomado
parte de la vida de los humanos. Poco a poco se habían ido adueñando de la
cotidianidad y habían convertido al ser humano en un ser cerrado que ya casi no
compartía con sus pares de manera “real”. Llegado un punto crítico, las
autoridades decidieron tomar cartas en el asunto y quemaron las cosas. Sí, así
de simple. No hay mucho que decir al respecto, más que enumerar parte de los
objetos incinerados. Computadores, celulares, televisores, reproductores de
música. Quemaron todo eso y más. Quemaron todo lo que alejaba a la gente, todo
lo que encerraba a la gente en sí misma, todo lo que hacía que la gente no
hablara. Lo quemaron todo pero la gente ya no volvió, porque ya no sabían
desenvolverse en un mundo privado de estos objetos. La gente había quedado
ciega, sorda y muda. Incapaces de ver el mundo que los rodeaba porque ya no
tenían una pantalla que se los mostrara. Incapaces de oler las flores porque no
tenían una cámara para sacarle una foto. Incapaces de escuchar una pieza de
música en el teatro de la ciudad, porque no tenían puestos sus audífonos. Incapaces
de conversar con su vecino cuando se encontraban en la calle porque no tenían
sus teléfonos. La gente se murió por dentro, se volvió frágil y volátil, y de
la nada salió una ventisca que los apagó a todos como simples aparatos
electrónicos. Uno por uno. Sus interruptores les indicaron que ya no había nada
que hacer. Y allí estuvo él para verlo. Ya no hubo más gente como ellos, se
apagaron para siempre y creció nueva gente. Crecieron como árboles y poblaron
la Tierra otra vez, sin saber jamás sobre la gente que existió alguna vez y que
se extinguió porque se les atrofió lo más humano que llevaban dentro de sí.:)
[Escribí esto hace poco más de un año, y lo publiqué en mi antiguo blog. A los pocos días conocí a alguien que creí que podía materializar este anhelo..]
Voy a entrar en tu vida en silencio, lo más sigilosamente posible, para
que no te despiertes de tu sueño de juventud. Voy a abrir despacito la puerta,
voy a observar todo lo que haya a nuestro alrededor. Sí; puedo sentir el calor
del sol entrando por tu ventana. Ahí estás durmiendo plácidamente como un bebé,
y me provoca besarte con locura, pero debo mantener la calma para no asustarte.
Traigo una maleta llena de flores, traigo sueños, traigo caricias, besos,
llamadas de buenas noches y miradas de buenos días, traigo mis manos para
sostenerte, para construir nuestro mundo, también traigo nubes, y palabras de
apoyo para momentos difíciles, locura para las noches de verano y cordura para
cuando sea necesario. Dejo mi maleta con infinitos elementos para mi estadía en
tu vida, a un lado, sin hacer ruido.
Ahora recorro el espacio, tomando consciencia de mi propia existencia y
de la de lo que me rodea, el aire es tibio, cada átomo me abraza
acogedoramente.
Llego a tu lado, me siento en el borde de tu cama, y te contemplo como
si fuera la primera vez, porque siempre es necesario volver a las sensaciones
de la primera vez, para mantener vivas las emociones y los sentimientos, y así
permanezco por varios minutos; me pierdo en ti, porque mantengo mi capacidad de
asombrarme con cada pequeño detalle tuyo que descubro cada vez que te miro
detenidamente. Me gusta. Me gusta perderme en ti, porque me gustas.
Después de observarte por tantos minutos, quisiera seguir haciéndolo
eternamente, pero despierto y muevo mi mano lentamente y la poso en tu mejilla,
y te acaricio suavemente, casi sin tocarte.
Tu piel despierta mis más profundas ansias de amarte con todas mis
fuerzas. Quizás nunca imaginé tenerte en mi vida, y tal vez eso es lo que ahora
me mueve a quererte en ella, la idea de tu silueta apareciendo en mi vida de
improviso y con ganas de quedarse. Estás despertando, y entonces me hago un
espacio en tu cama, a tu lado, y me acuesto con mi cara hacia la tuya, para que
cuando abras tus ojitos, me veas a tu lado. Y así ocurre, y entreabres los ojos
para encontrarte con los míos, esbozas una sonrisa, y acaricias mi mejilla.
Todo es perfecto, nos abrazamos, y soñamos juntos nuestro sueño de juventud,
todo el tiempo que tenga que durar.
domingo, 1 de julio de 2012
Domingo disfrazado de Sábado.
¿Vamos a dar una vuelta?
Normalmente lo único que me ayuda a poner en orden mis ideas es escribirlas, pero últimamente no sé qué me pasa, por más que escriba, que ordene, que exteriorice, no logro ordenar mis prioridades, mis sentimientos, está todo mezclado y no sé cómo desenredar esta madeja de sentimientos con pensamientos incrustados.
Realmente soy una encaprichada, osea, cuando se me mete algo en la cabeza me cuesta mucho sacarlo de ahí. I mean, ¿En qué mierda cambian las cosas que le diga o no le diga? Nada. Cómo si fuera a despertar de algún estúpido estado de adormecimiento prolongado, cómo si fuera a tratar de persuadirme. No lo ha hecho antes, no tiene por qué hacerlo ahora. Y soy tan mentirosa con la única persona a la que no le tengo que mentir.
Y por otro lado está esa incansable idea que me ronda por las noches, durante el día, a cualquier hora que se lo proponga: La búsqueda de algo que realmente me gustaría más. ¿Se puede estar enamorada de una idea? Yo creo que sí. Y también creo que es muy probable que si "materializara" esa idea tal vez me daría cuenta que era mejor que siguiera siendo una idea. No sé, pero supongo que nunca lo sabré con certeza.
Aunque no llegue a nada, o al menos no por ahora, me gusta escribir así tan periódicamente. Lo había olvidado, lo había dejado de lado, igual que la lectura y de a poco empecé a recuperar ambos hábitos y sé que me hacen muy bien y me ponen contenta. Y a pesar de estos pequeños tropezones e ideas un poco tristes que tengo a veces, particularmente por las noches, las cosas han estado maravillosamente bien en mi vida. Supongo que no hay nada de malo con suprimir lo que te hace daño. Sé que no es eterno, y algún día le hablaré para decirle porqué me alejé y le diré que no podía ser de otro modo y que después de todos estos años tratando de protegerla, tenía que empezar a protegerme a mí. Nadie puede hacerlo mejor que yo, ni todo el amor de los que te rodean puede protegerte si no lo quieres. Nadie puede.
Estoy feliz que los días de malestar físico se hayan ido. Me acuerdo de que me dolía todo, que no quería mi cuerpo, que lo único que quería era desaparecer. Recuerdo el pánico, y no sé cómo pude mantenerme así tanto tiempo, pero agradezco que esa luz me ayudara a salir del hoyo en el que estaba, creo que nunca terminaré de sentirme tan agradecida, y feliz de que sea parte de mi vida. Tengo tanto por lo que estar agradecida, tengo tanto para ser feliz, y realmente lo soy, en serio, lo soy! Y estar triste de vez en cuando es parte de la felicidad, y sé que a veces se puede tomar como algo malo, pero no tiene nada de malo, porque si nunca estuviéramos tristes no apreciaríamos el sentimiento de alegría, alivio y regocijo que viene después. Estoy feliz de sentir pena a veces, de sentir rabia contra lo que no fue, de sentir miedo a perderte, estoy feliz de sentir. Estoy feliz de estar viva. Estoy feliz.
| "Así que me dio un vuelco... la vida" |
Normalmente lo único que me ayuda a poner en orden mis ideas es escribirlas, pero últimamente no sé qué me pasa, por más que escriba, que ordene, que exteriorice, no logro ordenar mis prioridades, mis sentimientos, está todo mezclado y no sé cómo desenredar esta madeja de sentimientos con pensamientos incrustados.
Realmente soy una encaprichada, osea, cuando se me mete algo en la cabeza me cuesta mucho sacarlo de ahí. I mean, ¿En qué mierda cambian las cosas que le diga o no le diga? Nada. Cómo si fuera a despertar de algún estúpido estado de adormecimiento prolongado, cómo si fuera a tratar de persuadirme. No lo ha hecho antes, no tiene por qué hacerlo ahora. Y soy tan mentirosa con la única persona a la que no le tengo que mentir.
Y por otro lado está esa incansable idea que me ronda por las noches, durante el día, a cualquier hora que se lo proponga: La búsqueda de algo que realmente me gustaría más. ¿Se puede estar enamorada de una idea? Yo creo que sí. Y también creo que es muy probable que si "materializara" esa idea tal vez me daría cuenta que era mejor que siguiera siendo una idea. No sé, pero supongo que nunca lo sabré con certeza.
Aunque no llegue a nada, o al menos no por ahora, me gusta escribir así tan periódicamente. Lo había olvidado, lo había dejado de lado, igual que la lectura y de a poco empecé a recuperar ambos hábitos y sé que me hacen muy bien y me ponen contenta. Y a pesar de estos pequeños tropezones e ideas un poco tristes que tengo a veces, particularmente por las noches, las cosas han estado maravillosamente bien en mi vida. Supongo que no hay nada de malo con suprimir lo que te hace daño. Sé que no es eterno, y algún día le hablaré para decirle porqué me alejé y le diré que no podía ser de otro modo y que después de todos estos años tratando de protegerla, tenía que empezar a protegerme a mí. Nadie puede hacerlo mejor que yo, ni todo el amor de los que te rodean puede protegerte si no lo quieres. Nadie puede.
Estoy feliz que los días de malestar físico se hayan ido. Me acuerdo de que me dolía todo, que no quería mi cuerpo, que lo único que quería era desaparecer. Recuerdo el pánico, y no sé cómo pude mantenerme así tanto tiempo, pero agradezco que esa luz me ayudara a salir del hoyo en el que estaba, creo que nunca terminaré de sentirme tan agradecida, y feliz de que sea parte de mi vida. Tengo tanto por lo que estar agradecida, tengo tanto para ser feliz, y realmente lo soy, en serio, lo soy! Y estar triste de vez en cuando es parte de la felicidad, y sé que a veces se puede tomar como algo malo, pero no tiene nada de malo, porque si nunca estuviéramos tristes no apreciaríamos el sentimiento de alegría, alivio y regocijo que viene después. Estoy feliz de sentir pena a veces, de sentir rabia contra lo que no fue, de sentir miedo a perder
It is funny how some things change and others still the same
Yeahp. Así de simple, no tengo mucho que agregar al respecto, porque a lo largo de casi un año hay cosas que han cambiado tanto y otras que han cambiado tan poco. Me puse a escuchar canciones que cuando las escuchaba hace unos meses atrás me producían una sensación muy diferente, y me puse a pensar en como la estructura de las cosas no ha cambiado para nada.
No voy a dedicar una entrada para analizar esa situación ni para empezar a desquitarme ni nada por el estilo, sólo me parece notable el hecho de que a pesar de que todo sigue igual, mis sentimientos no son los mismos.
Sé que quiero aclarar las cosas, pero es difícil con tan poca disponibilidad
Eso.
Shitty thing, no sé qué más agregar xD
No voy a dedicar una entrada para analizar esa situación ni para empezar a desquitarme ni nada por el estilo, sólo me parece notable el hecho de que a pesar de que todo sigue igual, mis sentimientos no son los mismos.
Sé que quiero aclarar las cosas, pero es difícil con tan poca disponibilidad
Eso.
Shitty thing, no sé qué más agregar xD
viernes, 29 de junio de 2012
La lluvia caía copiosamente sobre el cemento y la tierra. El barro ya había comenzado a formarse y pequeños riachuelos bajaban por las calles buscando su sitio en algún alcantarillado lejano. Con la cara escondida en la capucha se miraba las manos mientras esperaba que pasara el bus que la llevaría a su casa. Sus ojos negros como el carbón estaban mirando, pero no estaban viendo. En su mente se proyectaba un recuerdo ahora un tanto lejano, pero siempre no lo suficiente como para ser olvidado.
Hace ya varias semanas que no sabía nada de él. Y la verdad es que no le parecía nada extraño, y hasta le parecía normal, pues nunca había sido de otro modo. Pero por un segundo, sólo por un segundo o tal vez menos, había imaginado cómo serían las cosas si... No. El segundo ya había pasado; aquel pensamiento se había ido junto con el agua que bajaba a toda velocidad por el cerro.
Ya se había hecho de noche y todos sus amigos se habían ido. De todas formas le agradaba estar ahí sola, acompañada sólo por un par de personas más que también esperaban el bus, por la lluvia y por la música que golpeteaba sus oídos tal como la lluvia le golpeteaba en la capucha. Nuevamente el pensamiento volvió a su cabeza. Aléjate. No puede ser. Olvídate. No podía permitírselo.
Vio que el bus se acercaba en la lejanía. Sintió una especie de alivio. No sabía por qué, pero sentía que ese lugar le hacía pensar en cosas que era mejor olvidar. Un aroma le llegó con una ráfaga de viento. No podía ser. Maldito perfume. El bus se acercaba. Al fin. Sacó las monedas del bolsillo y jugó con ellas. Vamos, rápido, apúrate. Algo en el aire cambio, se hizo más espeso, más cálido pero a la vez sentía más frío. Nada tenía sentido. El bus estaba casi frente a ella. El bus se detuvo y abrió sus puertas. Estaba a punto de apoyar el pie en el peldaño cuando la mano la tomó. Cerró los ojos y dejó que la mano la guiara, hacia atrás, la hizo girarse lentamente, y colocó su mano al rededor de su cuello. Estoy soñando. Sintió su respiración en la frente. No quiero despertar. Susurró despacio. No te vuelvas a ir. Una voz fuerte y que traspasaba seguridad dijo desde la oscuridad: Vengo a quedarme. Un beso en la frente y abrió los ojos. Realmente estaba allí otra vez.
Hace ya varias semanas que no sabía nada de él. Y la verdad es que no le parecía nada extraño, y hasta le parecía normal, pues nunca había sido de otro modo. Pero por un segundo, sólo por un segundo o tal vez menos, había imaginado cómo serían las cosas si... No. El segundo ya había pasado; aquel pensamiento se había ido junto con el agua que bajaba a toda velocidad por el cerro.
Ya se había hecho de noche y todos sus amigos se habían ido. De todas formas le agradaba estar ahí sola, acompañada sólo por un par de personas más que también esperaban el bus, por la lluvia y por la música que golpeteaba sus oídos tal como la lluvia le golpeteaba en la capucha. Nuevamente el pensamiento volvió a su cabeza. Aléjate. No puede ser. Olvídate. No podía permitírselo.
Vio que el bus se acercaba en la lejanía. Sintió una especie de alivio. No sabía por qué, pero sentía que ese lugar le hacía pensar en cosas que era mejor olvidar. Un aroma le llegó con una ráfaga de viento. No podía ser. Maldito perfume. El bus se acercaba. Al fin. Sacó las monedas del bolsillo y jugó con ellas. Vamos, rápido, apúrate. Algo en el aire cambio, se hizo más espeso, más cálido pero a la vez sentía más frío. Nada tenía sentido. El bus estaba casi frente a ella. El bus se detuvo y abrió sus puertas. Estaba a punto de apoyar el pie en el peldaño cuando la mano la tomó. Cerró los ojos y dejó que la mano la guiara, hacia atrás, la hizo girarse lentamente, y colocó su mano al rededor de su cuello. Estoy soñando. Sintió su respiración en la frente. No quiero despertar. Susurró despacio. No te vuelvas a ir. Una voz fuerte y que traspasaba seguridad dijo desde la oscuridad: Vengo a quedarme. Un beso en la frente y abrió los ojos. Realmente estaba allí otra vez.
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jueves, 28 de junio de 2012
crápula
Sé que prometí que no iba a pensar más en eso. Sé que prometí que no iba a pensar más en. Sé que prometí que no iba a pensar más. Sé que prometí que no iba a pensar. Sé que prometí que no iba a. Sé que prometí que no iba. Sé que prometí que no. Sé que prometí que. Sé que prometí. Sé que. Sé.
miércoles, 27 de junio de 2012
manzanas
Qué felicidad :)!
Y si me preguntan ¿Por qué? Yo respondo: ¿Y por qué no?
El mar está tranquilo.
Anoche tuve una pesadilla y sí, me angustió demasiado, y amanecí con pena y rabia. Pero, ¿Qué puedo hacer? No me iba a ir todo el camino pensando en lo penca de la pesadilla, ni en que el micrero me cagó con $50. No. Me puse los audífonos y me puse a sonreír. Al principio, uno no sabe por qué sonríe, y hasta finge la sonrisa. Y después, tu mente se va y empiezas a sonreír de verdad y comienzas a acordarte de cosas que te sacan más sonrisas y se convierte en un círculo virtuoso. Es el mejor consejo que le podría dar a una persona enojada o triste. Si uno no sonríe, aunque todos te estén sonriendo, te vas a seguir sintiendo mal.
A veces me pongo a analizar cómo y cuánto han cambiado algunas personas que conozco, o yo misma, y todavía me cuesta responderme a la pregunta de si la gente cambia o no. Tengo contradicciones en torno a ese tema. Yo no sé si la gente cambia, o no. Tal vez podríamos decir que si la gente cambia, estos cambios no pueden ser eternos y siempre se va a volver a la "versión" original de uno mismo. La que venía de molde... O no, tal vez no. Porque uno viene de una forma y las experiencias de la vida te pueden ir cambiando. No sé, yo creo que de la forma que yo lo veo es difícil llegar a una idea única y clara. Hay demasiados matices, y me pasa que comparo a la gente, comparo las historias, las situaciones, hay demasiados factores para considerar.
Pero en realidad, creo que más importante que todo esto, es saber observar a la gente, y darse cuenta cuándo la gente es auténtica o cuando ha cambiado para encajar, para conseguir algo, o simplemente porque las cosas de la vida la hicieron irse engañando a sí misma y al resto, perdiendo su identidad por ahí en algún rincón. Eso es otra cosa importante. Yo creo que es casi imposible que en algún minuto determinado no perdamos el rumbo, perdamos nuestra identidad, olvidemos quiénes somos, pero lo valorable es volver al origen, y reencontrarse con esa primera versión libre de filtros opacos, y tratar de mantenerse lo más fiel posible a uno mismo.
¿Qué más puedo decir?
Mañana va a ser un gran día :)
Un pequeño regalito antes de dormir:
http://www.youtube.com/watch?v=TlFCfkyuQM0
P.S: Si a veces no sé qué título poner, pondré la primera palabra que me venga a la mente.
Y si me preguntan ¿Por qué? Yo respondo: ¿Y por qué no?
El mar está tranquilo.
Anoche tuve una pesadilla y sí, me angustió demasiado, y amanecí con pena y rabia. Pero, ¿Qué puedo hacer? No me iba a ir todo el camino pensando en lo penca de la pesadilla, ni en que el micrero me cagó con $50. No. Me puse los audífonos y me puse a sonreír. Al principio, uno no sabe por qué sonríe, y hasta finge la sonrisa. Y después, tu mente se va y empiezas a sonreír de verdad y comienzas a acordarte de cosas que te sacan más sonrisas y se convierte en un círculo virtuoso. Es el mejor consejo que le podría dar a una persona enojada o triste. Si uno no sonríe, aunque todos te estén sonriendo, te vas a seguir sintiendo mal.
A veces me pongo a analizar cómo y cuánto han cambiado algunas personas que conozco, o yo misma, y todavía me cuesta responderme a la pregunta de si la gente cambia o no. Tengo contradicciones en torno a ese tema. Yo no sé si la gente cambia, o no. Tal vez podríamos decir que si la gente cambia, estos cambios no pueden ser eternos y siempre se va a volver a la "versión" original de uno mismo. La que venía de molde... O no, tal vez no. Porque uno viene de una forma y las experiencias de la vida te pueden ir cambiando. No sé, yo creo que de la forma que yo lo veo es difícil llegar a una idea única y clara. Hay demasiados matices, y me pasa que comparo a la gente, comparo las historias, las situaciones, hay demasiados factores para considerar.
Pero en realidad, creo que más importante que todo esto, es saber observar a la gente, y darse cuenta cuándo la gente es auténtica o cuando ha cambiado para encajar, para conseguir algo, o simplemente porque las cosas de la vida la hicieron irse engañando a sí misma y al resto, perdiendo su identidad por ahí en algún rincón. Eso es otra cosa importante. Yo creo que es casi imposible que en algún minuto determinado no perdamos el rumbo, perdamos nuestra identidad, olvidemos quiénes somos, pero lo valorable es volver al origen, y reencontrarse con esa primera versión libre de filtros opacos, y tratar de mantenerse lo más fiel posible a uno mismo.
¿Qué más puedo decir?
Mañana va a ser un gran día :)
Un pequeño regalito antes de dormir:
http://www.youtube.com/watch?v=TlFCfkyuQM0
P.S: Si a veces no sé qué título poner, pondré la primera palabra que me venga a la mente.
lunes, 25 de junio de 2012
domingo, 24 de junio de 2012
purple
Sometimes disappointment feels good. Sometimes anger looks good.
You just have to take a look beyond the appearances.
I mean, there's something good about disappointment if you learn to deal with it, if you know how to take it. It brings hope, fresh air, it brings learning, understanding, it brings a lot of new things.
Sometimes disapointment, or anger, or sadness, or many of those feelings considered bad feelings, bring with them a new beginning, and they come along with strength and happiness, you just have to hold on for a little while.
You just have to take a look beyond the appearances.
I mean, there's something good about disappointment if you learn to deal with it, if you know how to take it. It brings hope, fresh air, it brings learning, understanding, it brings a lot of new things.
Sometimes disapointment, or anger, or sadness, or many of those feelings considered bad feelings, bring with them a new beginning, and they come along with strength and happiness, you just have to hold on for a little while.
tortugas de ensueño
Hay un sol enorme, amarillo y brillante sobre mi cuerpo y sobre esta playa. La temperatura es perfecta; acogedora y hasta protectora. La arena blanca y suave acaricia la planta de mis pies, los dedos y mis talones. Es tan diminuta que es casi líquida, homogénea. El sol flota en medio de un cielo azul, limpio, claro. A ratos da la impresión de que es capaz de tragarse el sol con su inmensa claridad. ¿Cómo sería la fusión de esos dos entes? El impulso me lleva hacia la orilla, quiero que el mar moje mis pies, que un escalofrío inicial recorra mi cuerpo, para luego dar paso a la fresca limpieza del alma.
Todo eso ocurre. Me acerco con cautela, pero a la vez entusiasta, a la orilla del vasto mar. El agua se ve tan clara y limpia como el cielo y en el horizonte casi no se distingue dónde comienza uno o termina el otro. Son un todo. Tal vez todo aquí es un todo, incluso yo. El primer encuentro de mis pálidos pies con las diminutas olas que los bañan. El escalofrío. Mi mente se va, se la llevan las aguas hacia el fondo. Se van con ella otras cosas, mis hombros descansan al fin. Mis manos ya no pesan. Las rodillas parecen estar dormidas, porque no las siento pero me sostienen firmemente sobre aquella nívea arena. Luego de unos minutos, ocurre algo que no vi venir. Cientos de tortugas bebé comienzan a salir de la arena, justo a mis espaldas. Y se dirigen con prisa hacia el agua, como en una carrera que nadie quiere perder. Es un hermoso escenario. Sus brillantes caparazones a toda la velocidad que sus organismos le permiten lanzándose al lugar que seguramente llaman hogar. Las veo sumergirse con gran emoción. Me preocupo por las que tardan más de lo normal, a veces quiero ayudarlas, pero no puedo. No me está permitido interferir. Tampoco ellas podrían interferir en lo que a mí me concierne, aunque así lo quisieran.
Mi mente regresa a mí antes que todas hayan llegado a su destino. Pero no hay nada que pueda hacer ya. El resto de lo que había partido junto con mi mente no regresan, pero aún así es hora que me vaya. Mis pies comienzan a fundirse con el mar y la arena, lentamente, hasta que no queda nada. Yo también he vuelto a mi hogar.
Lullaby
Antes hubiese pedido tranquilidad,
ahora la tengo.
Ahora no sé lo que quiero pero quiero algo más.
Todos quieren algo, nunca estamos satisfechos.
Siempre hay algo que hacer, algo por lo que llorar,
razones para reír, canciones para cantar,
historias que escuchar, abrazos que recibir y regalar.
Las historias se entrelazan, la gente se aleja
otros se disfrazan y te atacan por la espalda.
Los caminos se cruzan,
y así van apareciendo nuevas estrellas en tu ruta,
te iluminan, te acompañan y te guían.
Tantas anécdotas que al final del día,
deciden si te duermes con una sonrisa,
abrazando la derrota,
comiéndote la rabia,
espantando las lágrimas,
combatiendo los miedos,
o soñando despierto.
Da lo mismo si está o no escrito en tu camino,
si hay un guión o no por el cual regirse,
hay que vivir, que para eso estamos vivos.
Hay que mirar al cielo y apreciar sus colores,
respirar con todo lo que den los pulmones,
usar las manos,
hablar, cantar, reír, gritar.
Hay que hacerlo todo.
Hay que hacerlo todo y más.
Hay que hacerlo al ritmo que cada uno quiera.
ahora la tengo.
Ahora no sé lo que quiero pero quiero algo más.
Todos quieren algo, nunca estamos satisfechos.
Siempre hay algo que hacer, algo por lo que llorar,
razones para reír, canciones para cantar,
historias que escuchar, abrazos que recibir y regalar.
Las historias se entrelazan, la gente se aleja
otros se disfrazan y te atacan por la espalda.
Los caminos se cruzan,
y así van apareciendo nuevas estrellas en tu ruta,
te iluminan, te acompañan y te guían.
Tantas anécdotas que al final del día,
deciden si te duermes con una sonrisa,
abrazando la derrota,
comiéndote la rabia,
espantando las lágrimas,
combatiendo los miedos,
o soñando despierto.
Da lo mismo si está o no escrito en tu camino,
si hay un guión o no por el cual regirse,
hay que vivir, que para eso estamos vivos.
Hay que mirar al cielo y apreciar sus colores,
respirar con todo lo que den los pulmones,
usar las manos,
hablar, cantar, reír, gritar.
Hay que hacerlo todo.
Hay que hacerlo todo y más.
Hay que hacerlo al ritmo que cada uno quiera.
viernes, 23 de marzo de 2012
Encrucijada
Estaba a punto de decirle que así se relacionaba el común de la gente, que era normal, e incluso, que a mí me encantaría que nos relacionáramos de esa forma, pero algo en mí me dijo que era mejor callar.
Estábamos sentados en la misma mesa de las últimas 4 veces, tomando lo mismo de siempre. No había mucha gente en el local, sonaba una música agradable de fondo y por la ventana se veía a la gente que subía el cerro, casi todos mordisqueando una fruta o un pedazo de queso que habían comprado en la feria que se ubicaba unas calles más abajo.
Llevaba ya bastantes minutos hablando de lo mismo, casi como un monólogo, quejándose; mientras yo me preguntaba por qué no podía ser feliz por su amigo. La respuesta era obvia, pero tampoco sabía si era correcto decirle algo, o si sólo debía escucharlo y asentir de manera convincente para que se sintiera comprendido.
Era una posición incómoda, ciertamente. Por un lado, dados los sentimientos que tenía por él, me sentía un poco mal queriendo llevarle la contraria. Creo que cuando recién comienzas a establecer ese tipo de sentimientos, más allá de la amistad, por alguien, lo único que se busca es asentir en todo lo que diga, encontrarle la razón, estar de acuerdo, en fin… Mucha gente se equivoca al hacer esto. Es un poco traicionarse a uno mismo, y además se genera una imagen en el otro de algo que realmente no se es. Pero, como decía, yo estaba en ese minuto en la duda. Pensaba que estaba equivocado pero no se lo podía decir, no concordaba en lo absoluto con lo que me decía, y por otro lado, sentía total comprensión por la actitud de su amigo, es más, hasta lo envidiaba.
- ¿Tú qué piensas? – La pregunta vino tan rápido que no alcancé a darme cuenta de que estaba respondiendo
- Yo creo que no deberías preguntármelo a mí.
- ¿Por qué? – Vi en sus ojos que intuía la respuesta
- Porque ya te he dicho lo que pienso, sólo que no aplicado a ellos – No me alteré en lo absoluto ni hice ninguna expresión mientras decía estas palabras. Él comprendió de inmediato a qué me refería. – Yo no te voy a decir lo que quieres escuchar.
- Yo creo que no deberías preguntármelo a mí.
- ¿Por qué? – Vi en sus ojos que intuía la respuesta
- Porque ya te he dicho lo que pienso, sólo que no aplicado a ellos – No me alteré en lo absoluto ni hice ninguna expresión mientras decía estas palabras. Él comprendió de inmediato a qué me refería. – Yo no te voy a decir lo que quieres escuchar.
- Cierto
- No quieres hablar de eso, ¿cierto?
- Mm… No hay nada nuevo que agregar
- Cierto
Continuamos tomando nuestros cafés y comiendo galletitas en silencio, por al menos unos 20 minutos. Era obvio que la conversación no iba a seguir. Después de eso, él comenzó a hablar de la gente que pasaba, a hacer comentarios aleatorios acerca de sus ropas, de las expresiones que levaban, a hacer suposiciones sobre sus vidas y su forma de ser. Yo sólo lo escuchaba, y lo miraba de reojo de vez en cuando. Pasada una hora, más o menos, pagamos la cuenta, tomamos nuestras cosas y salimos del local, camino hacia el auto. Me llevó a casa y en el camino nadie quiso hablar del tema, hasta que llegamos a mi casa e hice la pregunta:
- La conversación del café… ¿La vamos a continuar algún día?
- Cuando haya algo que agregar – dijo pasando su brazo por detrás de mi espalda y acercándome hacia él. Estaba bien. Tenía que ser consecuente con mis decisiones. Ya había cambiado de parecer muchas veces; no podía volver a sacar un tema incómodo y sin sentido. Las diferencias de opinión eran claras, y yo había decidido ceder lo más posible. Me acurruqué en su pecho y nos quedamos un rato en silencio mientras escuchábamos música. Aunque tuviera que forzarme a ello, iba a disfrutar el momento, sin importar lo que viniera después. Carpe diem dicen por ahí.
domingo, 18 de marzo de 2012
Tal vez algún día...

Pensé que debías saberlo. Por eso fue que agarré un lápiz y una hoja que encontré entre tus cajones, y comencé a garabatear mientras afuera llovía maravillosamente.
No quise despertarte, pero tampoco podía esperar para “decirte” estas cosas. Es por eso que preferí que el papel ahogara mi angustia… antes que apartarte de tu cálido sueño; antes que la angustia me ahogara a mí.
No quise decir todas esas cosas que te dije cuando viniste a verme. O tal vez quise decirlas; bueno, sí; por algo las dije, pero que quisiera decirlas no es lo mismo que las haya sentido. Todo era tan confuso. Había recién despertado hace apenas una hora, y el efecto de todo el alcohol de la noche anterior me hizo pensar y decir esas cosas. Yo sé que tú piensas que el alcohol hace que la gente diga la verdad. Pero conmigo eso no funciona; para mí el alcohol sólo saca lo peor de la gente. Bueno. Tal vez exagero al decir esto. No saca lo peor de la gente, pero tampoco nos hace decir siempre la verdad. La sinceridad no tiene por qué ser un efecto secundario. Es más bien, como que, en algunos casos, nos confunde, confunde nuestras palabras, resalta los rencores, lleva al extremo cada sentimiento, cada pensamiento, tanto así que, una pequeña molestia se agrava y eso es lo que nos hace decir esa sarta de estupideces como las que yo te dije.
El mundo se ha vuelto inestable. Todo pende de un hilo. Las luces se vuelven borrosas y la oscuridad tiende a envolverlo todo. Pero siempre estás ahí con tu fosforito. Y lo enciendes y es como estas bengalas que salen en esas escenas de series y películas que me gustan, con el par de adolescentes con sus hormonas a tope. Tú eres más que un fósforo para mí, más que una bengala, eres la suma de todas esas bengalas y los gritos, y los saltos, pero de alguna forma no puedo traspasarte eso, y además, a ratos hasta en mí se desvanece.
¿Te acuerdas cuando estábamos esa noche mirando la lluvia de estrellas? Ahí fue cuando te dije que te extrañaría. Pero tú no entendiste bien a lo que me refería.
Insisto, el mundo se ha vuelto inestable. Afuera es tan inseguro. Las calles ya no me son gratas como antes. A veces por las noches me acuesto sobre el pavimento aún tibio por los rayos absorbidos durante el día, por el paso inconsciente de los motores, por las pisadas despreocupadas de los peatones y trato de escuchar la vibración. Trato de sentirla, pero simplemente ya no está ahí.
Tardé mucho tiempo en darme cuenta de lo que ocurría. Ya sabes, la rutina, las actividades, la agenda ocupada, tanto que hacer. Es casi imposible darse cuenta de que el mundo está ocurriendo a nuestro alrededor, frente a nuestros ojos. Y cuando te das cuenta, ¿A quién se lo puedes decir? ¿Quién va a entenderte? Si todos están inmersos en esta inmediatez, nadie tiene tiempo de darse cuenta, y como no se dan cuenta, no lo creen, y como no lo creen… ¿Por qué te iban a creer a ti?
Por eso no le he contado a nadie mi secreto. Ni siquiera a ti. Tú menos que nadie lo entenderías, y quizás es por eso que me gustas tanto.
Recuerdo el día en que me di cuenta. Estábamos en esa gran tienda, caminando en busca de algo que ya no tiene relevancia, y sin querer toqué tu mano. Sí, ahí estaba. La magia había vuelto. La vibración, el zumbido. Todo vino rápidamente hacia mí, un atropello de emociones y sensaciones. El vértigo, la adrenalina, el corazón en la boca, la piel de gallina, la euforia, el éxtasis, las ganas de gritar y saltar, cantar y bailar, reír y llorar de emoción… Pero me contuve. Sabía que tenía que esperar otra ocasión para sentirlo otra vez y no podía abusar. Lo maravilloso pierde brillo si lo contemplas o lo tocas demasiado.
Reconozco que en un principio no se me ocurrió cómo proseguir. No sabía bien qué tenía que hacer, pero sabía que tenía que hacer algo.
La idea vino a mí en un sueño, como una revelación. El resto sé que se dará por sí solo.
Te amo. Sé que nunca te lo he dicho, pero creo que con esto te lo demostraré, aunque no estoy seguro de que alguna vez lo sepas, o que lo entiendas, pero algunas cosas no están hechas para entenderlas. El único lugar seguro para vivir es dentro de ti. Te amo. Te amo. Te amo.
Un leve sonido. Un destello.
La chica sintió dentro del sueño como si cayera a un precipicio y dio un salto en la cama. Abrió los ojos, miró a su alrededor; tomó el celular que estaba en su velador y la pantalla se iluminó.
- Todavía me quedan 2 horas – Volvió a dejar el aparato en su lugar, se dio media vuelta tapándose bien y volvió a su sueño, sin percatarse del trozo de papel que yacía tirado en el piso, justo al lado de sus zapatillas de levantarse. Inmóvil.
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