~un pez atrapado en una jaula~
miércoles, 9 de enero de 2013
c r o n o l o g í a
Te regalo mi pasado para que sepas lo que fui, mi presente para que veas lo que soy y mi futuro para que descubras lo que seré.
domingo, 4 de noviembre de 2012
heima
El siguiente relato es de carácter ficticio y cualquier coincidencia con la realidad es pura casualidad...
Él estaba esperándola fuera de su sala de clases. Ya habían pasado 10 minutos desde la hora de término, pero al profesor aún no daba fin a su lección. Sus miradas se encontraron a través de la pequeña "ventana" que había junto a la puerta, y la impaciencia se hizo notar. Por fin 5 minutos después, el muchacho pudo apreciar con impaciente alegría que los alumnos comenzaban a dejar sus asientos.
- Hola bonita - Le dijo mientras la tomaba por la cintura y la acercaba hacia su cuerpo. Ella se sonrojó levemente y le devolvió el saludo con un cálido beso en los labios.
Camino a la salida ella hizo un par de comentarios sobre la clase y le preguntó al joven cómo había estado su día. Él tomó su mano de manera espontánea, y salieron de la universidad riéndose y conversando.
Luego de despedirse de los amigos de la chica, la pareja de jóvenes emprendieron el descenso hacia el centro de la ciudad, pasando en el camino por un almacén donde compraron un poco de pan y fruta.
Era un día primaveral, eran al rededor de las 7 de la tarde y la luz que bañaba las calles era exquisita, la temperatura perfecta, el sonido del mar acompañaba sus pasos y una brisa agradable hacía bailar las las largas cabelleras de las muchachas.
Había algo en ese día que lo hacía tan perfecto, y ellos sabían que no podía haber sido de la misma manera de no haber contado con la compañía del otro.
Una vez en el centro y como si se hubiesen puesto de acuerdo, ambos guardaron silencio y disfrutaron los últimos pasos de su recorrido así, caminando a paso lento, tomados de la mano.
Llegaron a casa y pusieron el té a hervir, el pan a tostar y picaron un poco de fruta. Se sentaron a comer rodeados del perfume del pan tostado mezclado con el aroma del té de hoja. Prendieron la radio y dejaron que la música inundara el pequeño pero acogedor espacio.
Al terminar de comer ambos retiraron la loza, ella lavó mientras él secaba y guardaba todo lo que habían ocupado.
A los pocos minutos estaban tendidos en la alfombra de la habitación, él boca arriba con los brazos bajo la cabeza y ella acurrucada en su pecho. Él posó uno de sus brazos sobre el cuerpo de la joven, rodeándola y acariciando su brazo.
Nunca antes se había sentido tan protegida, tan real, tan perceptiva ni tan feliz. Él era su hogar.
Nunca se había sentido tan protegido, tan feliz, tan pleno ni tan valorado. Ella era su hogar.
Él estaba esperándola fuera de su sala de clases. Ya habían pasado 10 minutos desde la hora de término, pero al profesor aún no daba fin a su lección. Sus miradas se encontraron a través de la pequeña "ventana" que había junto a la puerta, y la impaciencia se hizo notar. Por fin 5 minutos después, el muchacho pudo apreciar con impaciente alegría que los alumnos comenzaban a dejar sus asientos.
- Hola bonita - Le dijo mientras la tomaba por la cintura y la acercaba hacia su cuerpo. Ella se sonrojó levemente y le devolvió el saludo con un cálido beso en los labios.
Camino a la salida ella hizo un par de comentarios sobre la clase y le preguntó al joven cómo había estado su día. Él tomó su mano de manera espontánea, y salieron de la universidad riéndose y conversando.
Luego de despedirse de los amigos de la chica, la pareja de jóvenes emprendieron el descenso hacia el centro de la ciudad, pasando en el camino por un almacén donde compraron un poco de pan y fruta.
Era un día primaveral, eran al rededor de las 7 de la tarde y la luz que bañaba las calles era exquisita, la temperatura perfecta, el sonido del mar acompañaba sus pasos y una brisa agradable hacía bailar las las largas cabelleras de las muchachas.
Había algo en ese día que lo hacía tan perfecto, y ellos sabían que no podía haber sido de la misma manera de no haber contado con la compañía del otro.
Una vez en el centro y como si se hubiesen puesto de acuerdo, ambos guardaron silencio y disfrutaron los últimos pasos de su recorrido así, caminando a paso lento, tomados de la mano.
Llegaron a casa y pusieron el té a hervir, el pan a tostar y picaron un poco de fruta. Se sentaron a comer rodeados del perfume del pan tostado mezclado con el aroma del té de hoja. Prendieron la radio y dejaron que la música inundara el pequeño pero acogedor espacio.
Al terminar de comer ambos retiraron la loza, ella lavó mientras él secaba y guardaba todo lo que habían ocupado.
A los pocos minutos estaban tendidos en la alfombra de la habitación, él boca arriba con los brazos bajo la cabeza y ella acurrucada en su pecho. Él posó uno de sus brazos sobre el cuerpo de la joven, rodeándola y acariciando su brazo.
Nunca antes se había sentido tan protegida, tan real, tan perceptiva ni tan feliz. Él era su hogar.
Nunca se había sentido tan protegido, tan feliz, tan pleno ni tan valorado. Ella era su hogar.
sábado, 27 de octubre de 2012
Punto aparte.
Ando en busca de la verdad, entre las paredes de mi pieza. No sabes cuánto te he buscado estas semanas, no sabes cuánto te he buscado desde que te conocí. No, no tienes idea. Y sin embargo, de alguna forma, contra mi voluntad y todos los adverbios, conjunciones, adjetivos y conectores que se te ocurran; tengo que dejarte ir. Comenzar una nueva historia, interpretando otros papeles.
domingo, 14 de octubre de 2012
it doesn't make sense
Le gritó que no se fuera. Parada allí, en medio de la calle,
envuelta por el olor a humedad otoñal, con los pies pegados en el cemento
mojado como si una fuerza sobrenatural le impidiese moverse; allí; sin nadie
más alrededor que él dándole la espalda, se sintió pequeña otra vez. Por favor,
–susurró –quédate.
¿Tienes algo más que decirme?
Mucho –Pensó ella.
Mucho –Pensó ella.
Cada vez que veía que él se alejaba y ella tenía algo que
más que decir (no tenía claro qué pero
sabía que quería decirle algo más),
se desesperaba y comenzaba a lanzar palabras al azar, sin pensar un minuto
antes en qué sarta de estupideces estaba verbalizando.
lunes, 8 de octubre de 2012
Promesas
Hace tiempo que tenía ganas de escribirte, pero no encontraba las palabras, ni el tiempo, y muchas veces, hasta las ganas se me perdían; sabía que estaban por ahí escondidas entre la ropa, los cuadernos y la comida de la Sophie.
Recuerdo cuando conversaba mucho conmigo misma. Bueno, aún lo sigo haciendo, pero la verdad es que la mayoría de las veces es una conversación con prisa. Qué ridículo. Una conversación con uno mismo… ¡Con prisa! ¿A esto hemos llegado? Afrontémoslo, tampoco es como que sea la mujer más ocupada del planeta, pero… ¿Y entonces?
Surgen un sinfín de preguntas pero las más latentes últimamente son del estilo de ¿Estoy haciendo lo mejor que puedo?, ¿Qué es lo que quiero?, ¿Estoy llevando la vida que quiero? Dichas interrogantes vienen de la mano con un sentimiento de desmotivación que no sé muy bien de dónde proviene, o que más bien que proviene de diversas direcciones, de interminables análisis de las situaciones que no llegan a ninguna solución clara, de una apatía intermitente.
En algún punto del camino me perdí y perdí mi horizonte, y tuve que desandar parte del trecho recorrido para encontrarme de nuevo donde había empezado. Me estoy devolviendo por la misma senda por la que vine, y aún me falta un largo camino por andar, pero de a poco voy encontrándome con los elementos que dejé tirados en el camino.
Y tú, ¿estás feliz con lo que has hecho de ti? Espero que sí. La verdad es que no he sabido nada de ti en bastantes meses… Ojalá que la vida te esté tratando bien. Pero es cierto que la vida siempre viene con altos y bajos.
A veces me dan ganas de contarte cómo quisiera proyectarme pero no puedo. Hace bastante tiempo me prometí que no haría promesas del tipo “Para siempre” y “Nunca”. Pero es difícil. A veces me da mucho miedo. ¿Y si el día de mañana le digo que vamos a estar juntos para siempre? Trataré de que no se me escape. Pero, no prometo nada, porque quizás no pueda evitarlo. Alguna vez ya se me escapó y no lo cumplí.
Igual, tú me conoces bien; sabes cómo soy yo en ese sentido. Sé que tú mejor que nadie entenderías mi impaciencia, y a la vez serías incapaz de reconocer a la mujer en la que me he convertido. La cabra chica impaciente, que no podía pasar ni un día sin mandar mensajes de texto, o que extrañaba tanto como para no soportar ni un día sin verlo; si me vieras ahora, sobreviviendo estas semanas infinitas. Esa niña no sé dónde está, pero te reconozco que a veces me hace falta una pizca de su actitud. Es un poco lo que digo en algunas ocasiones, de que no es malo esperar cosas de la gente, porque si no esperáramos nada seríamos unos apáticos sin sueños ni aspiraciones. Por eso a veces la extraño. Tal vez es por eso que a ratos me desconozco.
A ratos me da por imaginar, por soñar. Me lo permito de vez en cuando, pero trato de no abusar. A veces imagino el futuro cercano, y a veces uno muy lejano. Me gusta, pero también puede ser súper doloroso, por eso lo controlo.
En resumen (y para despedirme porque me imagino que tendrás muchas cosas que hacer), creo varias cosas, y una de ellas es que es bueno proyectarse, pero con proyectos alcanzables a corto plazo; ir de a poco, no sé… se me imagina cosas pequeñas, como… paseos, conocer a la familia, cocinar algo juntos, las pequeñeces que hacen grande a una pareja. Nada de planes de “En 2 años más nos casamos y tenemos 3 hijos que estudiarán en X colegio y que se llamarán…” No. Nada de eso. Creo que podría plantearlo, ¿tú qué crees? Bueno, escríbeme porque siempre es rico leerte. Un abrazo grande y a ver si nos topamos algún día.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)