domingo, 23 de septiembre de 2012

Blue Valentine

Ayer vi a una amiga que no veía hace aproximadamente 2 años, es una de esas amigas con las que te has visto poquísimas veces (Nosotras no nos hemos visto más de 5 veces, y nos conocimos hace unos 5 años). Por cosas del destino, viajes, etc., nunca hemos podido concretar más reuniones, pero cada vez que nos hemos visto es como si nos hubiésemos visto la semana anterior. Podemos contarnos infinidad de cosas y la confianza está. Después de una rica once en su casa, con su hermana y su pololo, nos pusimos a ver una película.
No voy a entrar en muchos detalles sobre la película porque eso no es de lo que en realidad quiero hablar, sólo diré que la película se llama Blue Valentine y que está lejos de ser una película de amor hollywoodense de esas llenas de clichés. Más bien, es súper cotidiana, por decirlo de alguna forma, y muestra el amor como realmente es (O como dicen que es). Me dio mucho que pensar porque en muchas situaciones me vi identificada con la protagonista, que al comienzo de la relación está enamoradísima, su forma de amarlo es muy juvenil, infantil, alegre… Pero con el pasar de los años, la rutina va cambiando las cosas. Creo que el error que comete ella es el mismo que yo he cometido alguna vez. El dejar de ser lo que uno era al comienzo de la relación para convertirse en alguien que se viste de madurez pero que en realidad es aburrido. Al principio disfrutas de los juegos de cabro chico de tu pololo, y tú también juegas como cabra chica, pero después una se vuelve toda grave y como que adopta una postura “adulta” en la relación y vas criticando cada actitud que antes te fascinaba. Mi gran pregunta es ¿Por qué? ¿Por qué siempre tenemos que echarlo a perder de esa forma? ¿Qué hay dentro de nosotras que nos hace volvernos amargadas muchas veces? ¿Hay alguna forma de evitarlo? Creo que ahora que lo vi en el exterior me puede ser más fácil ir identificando las actitudes, y espero no volver a caer en lo mismo, porque realmente me dio ene pena ver cómo él era un tipo bueno y lo único que quería era mantener la “magia” del amor, y ella pensaba que la única forma de crecer era volverse una amargada y criticarlo por su forma más “light” de ver las cosas.


Un poco sobre la línea de reflexión de por qué nos comportamos de cierta forma a veces (y más cuando estamos con alguna  pareja), me puse a pensar en lo que me he convertido últimamente. Siento que he perdido un poco mi visión de mi misma, y como que estoy en un proceso de “reconocimiento” de quién soy. Y probablemente eso es lo que me ha traído tantos “problemas” últimamente, porque si no estás bien contigo misma, es difícil estar bien con el resto. Pero, inevitablemente uno está constantemente relacionándose con otras personas, y ahí es cuando uno las caga. Sí, porque uno no está bien, está aturdido, perdido, a penas sabiendo quién es, y comienza a disparar ideas, palabras, juicios y emociones a diestra y siniestra, y tarde o temprano te pasa la cuenta. Eso sumando a un defecto como del que me hago “acreedora” de creer obstinadamente que uno tiene la razón, te hace ganarte varios malos ratos. Aunque eventualmente siempre llego a un momento de reflexión y soy capaz de darme cuenta que efectivamente yo NO tenía razón, el “daño” de la primera reacción y defensa ferviente de las ideas propias, es irreparable a veces. O sea, no siempre es así de grave, muchas veces son pequeñeces, discusiones tan básicas como si la letra del trabajo era Arial o Times New Roman. Pero también hay otras ocasiones en que realmente podemos herir a la otra persona, aunque nuestras intenciones estén muy lejos de eso. O, podemos provocar que la persona se harte de actitudes como esas y termine por alejarse.
Creo que al final lo único que se puede intentar es estar bien con uno mismo, ser consistente, tener la película clara porque si no terminas enredando al resto, en tus indecisiones, en tus cambios de actitud. Es difícil, nadie dice lo contrario, pero tal vez es la única “clave”.

jueves, 13 de septiembre de 2012

¿Que si sería más como tú si pudiera? Por supuesto que sí, pero la gracia es que no tenga que hacerlo.