viernes, 29 de junio de 2012

La lluvia caía copiosamente sobre el cemento y la tierra. El barro ya había comenzado a formarse y pequeños riachuelos bajaban por las calles buscando su sitio en algún alcantarillado lejano. Con la cara escondida en la capucha se miraba las manos mientras esperaba que pasara el bus que la llevaría a su casa. Sus ojos negros como el carbón estaban mirando, pero no estaban viendo. En su mente se proyectaba un recuerdo ahora un tanto lejano, pero siempre no lo suficiente como para ser olvidado.
Hace ya varias semanas que no sabía nada de él. Y la verdad es que no le parecía nada extraño, y hasta le parecía normal, pues nunca había sido de otro modo. Pero por un segundo, sólo por un segundo o tal vez menos, había imaginado cómo serían las cosas si... No. El segundo ya había pasado; aquel pensamiento se había ido junto con el agua que bajaba a toda velocidad por el cerro.
Ya se había hecho de noche y todos sus amigos se habían ido. De todas formas le agradaba estar ahí sola, acompañada sólo por un par de personas más que también esperaban el bus, por la lluvia y por la música que golpeteaba sus oídos tal como la lluvia le golpeteaba en la capucha. Nuevamente el pensamiento volvió a su cabeza. Aléjate. No puede ser. Olvídate. No podía permitírselo.
Vio que el bus se acercaba en la lejanía. Sintió una especie de alivio. No sabía por qué, pero sentía que ese lugar le hacía pensar en cosas que era mejor olvidar. Un aroma le llegó con una ráfaga de viento. No podía ser. Maldito perfume. El bus se acercaba. Al fin. Sacó las monedas del bolsillo y jugó con ellas. Vamos, rápido, apúrate. Algo en el aire cambio, se hizo más espeso, más cálido pero a la vez sentía más frío. Nada tenía sentido. El bus estaba casi frente a ella. El bus se detuvo y abrió sus puertas. Estaba a punto de apoyar el pie en el peldaño cuando la mano la tomó. Cerró los ojos y dejó que la mano la guiara, hacia atrás, la hizo girarse lentamente, y colocó su mano al rededor de su cuello. Estoy soñando. Sintió su respiración en la frente. No quiero despertar. Susurró despacio. No te vuelvas a ir. Una voz fuerte y que traspasaba seguridad dijo desde la oscuridad: Vengo a quedarme. Un beso en la frente y abrió los ojos. Realmente estaba allí otra vez.

jueves, 28 de junio de 2012

crápula

Sé que prometí que no iba a pensar más en eso. Sé que prometí que no iba a pensar más en. Sé que prometí que no iba a pensar más. Sé que prometí que no iba a pensar. Sé que prometí que no iba a. Sé que prometí que no iba. Sé que prometí que no. Sé que prometí que. Sé que prometí. Sé que. .

miércoles, 27 de junio de 2012

manzanas

Qué felicidad :)!
Y si me preguntan ¿Por qué? Yo respondo: ¿Y por qué no?
El mar está tranquilo.
Anoche tuve una pesadilla y sí, me angustió demasiado, y amanecí con pena y rabia. Pero, ¿Qué puedo hacer? No me iba a ir todo el camino pensando en lo penca de la pesadilla, ni en que el micrero me cagó con $50. No. Me puse los audífonos y me puse a sonreír. Al principio, uno no sabe por qué sonríe, y hasta finge la sonrisa. Y después, tu mente se va y empiezas a sonreír de verdad y comienzas a acordarte de cosas que te sacan más sonrisas y se convierte en un círculo virtuoso. Es el mejor consejo que le podría dar a una persona enojada o triste. Si uno no sonríe, aunque todos te estén sonriendo, te vas a seguir sintiendo mal.
A veces me pongo a analizar cómo y cuánto han cambiado algunas personas que conozco, o yo misma, y todavía me cuesta responderme a la pregunta de si la gente cambia o no. Tengo contradicciones en torno a ese tema. Yo no sé si la gente cambia, o no. Tal vez podríamos decir que si la gente cambia, estos cambios no pueden ser eternos y siempre se va a volver a la "versión" original de uno mismo. La que venía de molde... O no, tal vez no. Porque uno viene de una forma y las experiencias de la vida te pueden ir cambiando. No sé, yo creo que de la forma que yo lo veo es difícil llegar a una idea única y clara. Hay demasiados matices, y me pasa que comparo a la gente, comparo las historias, las situaciones, hay demasiados factores para considerar.
Pero en realidad, creo que más importante que todo esto, es saber observar a la gente, y darse cuenta cuándo la gente es auténtica o cuando ha cambiado para encajar, para conseguir algo, o simplemente porque las cosas de la vida la hicieron irse engañando a sí misma y al resto, perdiendo su identidad por ahí en algún rincón. Eso es otra cosa importante. Yo creo que es casi imposible que en algún minuto determinado no perdamos el rumbo, perdamos nuestra identidad, olvidemos quiénes somos, pero lo valorable es volver al origen, y reencontrarse con esa primera versión libre de filtros opacos, y tratar de mantenerse lo más fiel posible a uno mismo.
¿Qué más puedo decir?
Mañana va a ser un gran día :)

Un pequeño regalito antes de dormir:
http://www.youtube.com/watch?v=TlFCfkyuQM0

P.S: Si a veces no sé qué título poner, pondré la primera palabra que me venga a la mente.

domingo, 24 de junio de 2012

purple

Sometimes disappointment feels good. Sometimes anger looks good.
You just have to take a look beyond the appearances.
I mean, there's something good about disappointment if you learn to deal with it, if you know how to take it. It brings hope, fresh air, it brings learning, understanding, it brings a lot of new things.
Sometimes disapointment, or anger, or sadness, or many of those feelings considered bad feelings, bring with them a new beginning, and they come along with strength and happiness, you just have to hold on for a little while.

tortugas de ensueño

Hay un sol enorme, amarillo y brillante sobre mi cuerpo y sobre esta playa. La temperatura es perfecta; acogedora y hasta protectora. La arena blanca y suave acaricia la planta de mis pies, los dedos y mis talones. Es tan diminuta que es casi líquida, homogénea. El sol flota en medio de un cielo azul, limpio, claro. A ratos da la impresión de que es capaz de tragarse el sol con su inmensa claridad. ¿Cómo sería la fusión de esos dos entes? El impulso me lleva hacia la orilla, quiero que el mar moje mis pies, que un escalofrío inicial recorra mi cuerpo, para luego dar paso a la fresca limpieza del alma.
Todo eso ocurre. Me acerco con cautela, pero a la vez entusiasta, a la orilla del vasto mar. El agua se ve tan clara y limpia como el cielo y en el horizonte casi no se distingue dónde comienza uno o termina el otro. Son un todo. Tal vez todo aquí es un todo, incluso yo. El primer encuentro de mis pálidos pies con las diminutas olas que los bañan. El escalofrío. Mi mente se va, se la llevan las aguas hacia el fondo. Se van con ella otras cosas, mis hombros descansan al fin. Mis manos ya no pesan. Las rodillas parecen estar dormidas, porque no las siento pero me sostienen firmemente sobre aquella nívea arena. Luego de unos minutos, ocurre algo que no vi venir. Cientos de tortugas bebé comienzan a salir de la arena, justo a mis espaldas. Y se dirigen con prisa hacia el agua, como en una carrera que nadie quiere perder. Es un hermoso escenario. Sus brillantes caparazones a toda la velocidad que sus organismos le permiten lanzándose al lugar que seguramente llaman hogar. Las veo sumergirse con gran emoción. Me preocupo por las que tardan más de lo normal, a veces quiero ayudarlas, pero no puedo. No me está permitido interferir. Tampoco ellas podrían interferir en lo que a mí me concierne, aunque así lo quisieran.
Mi mente regresa a mí antes que todas hayan llegado a su destino. Pero no hay nada que pueda hacer ya. El resto de lo que había partido junto con mi mente no regresan, pero aún así es hora que me vaya. Mis pies comienzan a fundirse con el mar y la arena, lentamente, hasta que no queda nada. Yo también he vuelto a mi hogar.

Lullaby

Antes hubiese pedido tranquilidad,
ahora la tengo.
Ahora no sé lo que quiero pero quiero algo más.
Todos quieren algo, nunca estamos satisfechos.
Siempre hay algo que hacer, algo por lo que llorar,
razones para reír, canciones para cantar,
historias que escuchar, abrazos que recibir y regalar.
Las historias se entrelazan, la gente se aleja
otros se disfrazan y te atacan por la espalda.
Los caminos se cruzan,
y así van apareciendo nuevas estrellas en tu ruta,
te iluminan, te acompañan y te guían.
Tantas anécdotas que al final del día,
deciden si te duermes con una sonrisa,
abrazando la derrota,
comiéndote la rabia,
espantando las lágrimas,
combatiendo los miedos,
o soñando despierto.
Da lo mismo si está o no escrito en tu camino,
si hay un guión o no por el cual regirse,
hay que vivir, que para eso estamos vivos.
Hay que mirar al cielo y apreciar sus colores,
respirar con todo lo que den los pulmones,
usar las manos,
hablar, cantar, reír, gritar.
Hay que hacerlo todo.
Hay que hacerlo todo y más.
Hay que hacerlo al ritmo que cada uno quiera.